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San Andrés y Providencia después del huracán Duque militariza el archipiélago y deja sin trabajo a raizales

San Andrés y Providencia después del huracán Duque militariza el archipiélago y deja sin trabajo a raizales - milicos_en_san_andres

Muchos han sido los estudios realizados en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Gracias en gran medida a la presencia de la Universidad Nacional de Colombia en el archipiélago, cuna de hermosos amaneceres, ha sentido los pasos de diversas disciplinas que poco a poco han ido nutriendo los archivos de artículos científicos nacionales e internacionales.

Basto es lo que se cuenta en la isla de Providencia, desde historias de piratería que rondan el imaginario local, hasta el número de cangrejos que, excitados por los ciclos propios de la naturaleza, bajan al mar desde sus pequeños agujeros en la montaña para desovar nuevas generaciones.

La isla y sus dinámicas han sido así objeto de estudio de la antropología, la ecología, la biología e incluso el materialismo (¿por qué no?), que encuentra en este territorio tan aislado, tan virgen y lleno de esplendor toda una verdadera isla del tesoro.

Numerosas han sido las personas que, armadas de sus mejores herramientas, se han hecho al aire o a la mar para desentrañar en el corazón de sus montañas coralinas, y surcando los colores de su arrecife los más magníficos tesoros del intelecto y de las relaciones humanas. La hermosa Providencia ha sido así el “Objeto del Deseo”.

Resistencia raizal

Sin embargo, no hay bien que mal no venga. Junto con las miradas llenas de deseo de osadas aventureras, se ha postrado sobre la isla el objetivo monóculo y frío de la ambición del explotador. Muchos han sido los esfuerzos de la oligarquía colombiana por adueñarse de este territorio. Afortunadamente, hasta ahora, lo grande ha sido también la resistencia de la población autóctona, la población raizal.

En primera medida, siendo intendencia, la población se negó a vender la tierra, heredada con sangre y esfuerzo desde la emancipación negra, aprendiendo de los errores de su hermana isla mayor, San Andrés (llamada Henrietta originalmente) quien sufrió el desmembramiento propio del poder del capital y sus “manieras”.

Luego, se han impuesto, aun con sus defectos, normativas ecológicas que han salvaguardado a la isla y solo parte de su territorio marino de las garras de la depredación. Prueba de ello fue el frustrado campo de Golf que durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) pretendía desplazar al cangrejo de su refugio natural.

En la mira de la ultraderecha

Sin embargo, hoy la resistencia flaquea, hoy la isla está de nuevo en la mira de la ultraderecha colombiana. Siendo azotada por el narcotráfico, una pandemia y el paso de dos huracanes, la población no puede estar hoy más vulnerable, así como desnuda de fauna y flora está la isla.

El Gobierno nacional y sus instituciones hegemónicas lo saben y han desplegado todas las acciones para aprovecharse de la situación. Hoy en día la isla no solo es el piso de los paseos constantes del Ejecutivo, sino que está regida por una llamada gerencia de la reconstrucción que no ha sido más que la mano dictatorial del sistema colombiano.

Ya se ha modificado (sin una consulta previa, que debió hacerse para cumplir el debido proceso indicado para poblaciones étnicas y ancestrales) el decreto 2762 de 1991, forma normativa que resguarda al archipiélago de una circulación poblacional desmedida, mediante el decreto 243 del 08 de marzo de 2021, según el cual no solo se vulnera el territorio étnico y cultural, sino que además se vulnera el derecho al trabajo de la población raizal y residente.

¿Qué pretende el gobierno al llevar 1.000 trabajadores y funcionarios para reconstruir un territorio poblado, sin siquiera hacer públicas las ofertas de empleo y vacantes para la población? Es una pregunta fácil de responder para quien vea la historia colombiana de manera crítica.

Militarización y lucha por la soberanía

Adicional a esta “diáspora”, el ejercicio de militarización se ha recrudecido, la policía viene desalojando a los propietarios de sus propios terrenos como una muestra del accionar político y militar.

Ahora, tras el desastre, la Armada Nacional planea construir una base de guardacostas cuya ejecución se ha venido tumbando desde el año 1994 por parte de la población y cuyo último antecedente fue una consulta previa realizada en 2015 que no llegó a un acuerdo común, es decir, no es legalmente permitida.

Las asociaciones de pescadores son ahora la resistencia, las asociaciones de pesca artesanal para ser más específicos, ya que abusivamente y aprovechando la destrucción de los muelles por el huracán Iota, la Armada Nacional ha construido un muelle que interfiere con los predios y el acceso al mar que legítimamente se usaba para las dinámicas de pesca.

Así como la yuca sembrada en la isla, se cosecha aun después del paso devastador de un huracán, dadas sus características, así la población raizal ahora reacciona y se organiza para exigir la soberanía de su territorio, para exigir que se respete el derecho al trabajo, así como se debe respetar la protección del entorno. Ambos: trabajo y entorno, siempre tan de la mano, y ahora tan vulnerados y pisoteados por un gobierno explotador y abusivo.

 

 

Por Joseph Jay Patiño
De las islas de San andrés y Providencia
Fuente: Agencia Prensa Rural
www.radiomacondo.fm

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