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El paro que no para

El paro que no para - leon1755-2

Después de 200 horas de diálogos entre representantes del alto gobierno y líderes campesinos en Tunja, se llegó a un acuerdo en las negociaciones. El estado colombiano se comprometió a buscar salida a la crisis, con la revisión del costo de los insumos agrícolas, los cuales dicho sea de paso, junto con el combustible, son los más costosos de la región, también se revisarán los créditos agrarios, los que gracias a la desaceleración productiva del campo están devorando la golpeada economía de los campesinos.

El gobierno de Juan Manuel Santos también se comprometió a dar una lucha frontal contra el contrabando de alimentos y a congelar la nefasta resolución 970 del ICA al menos por 2 años, esto sumado a las salvaguardas por el mismo término de años para la importación de papa fresca y pre-cocida, cebolla cabezona, frijol, arveja, tomate, pera, leche en polvo, quesos frescos y lácteos de los países de la CAN y Mercosur.

Los planes de contingencia para conjurar la crisis agraria no dejan de ser pañitos de agua tibia o soluciones momentáneas, ya que el gobierno se rehúsa a rebajar el precio del combustible aunque ha prometido un congelamiento temporal, pero a demás deja intacto los arreglos comerciales suscritos por Colombia con más de 10 naciones.

La gran prensa propiedad de los dueños de bancos, conciencias y por supuesto tierras, anunció el fin del paro agrario, desoyendo las voces de los que nunca estuvieron representados en la mesa de Tunja, la mayoría de esas voces reclaman el cumplimiento de las zonas de reserva campesinas y la ampliación de las mismas, palabras más palabras menos, tierra para sembrar y asegurar la autonomía alimentaria.

La verdad es que el paro agrario nacional ha sido un paro intermitente desde nuestro remoto pasado como país, ha sido un paro conjurado con acuerdos momentáneos que se desmoronan bajo el peso de la ineficacia estatal gobierno tras gobierno, el que cada año el país asista a un paro agrícola debería plantearnos como ciudadanos serios cuestionamientos sobre nuestro modelo político y económico, por ahora el paro se mantiene en varios departamentos del pais.

Los problemas estructurales del campo colombiano siguen sin ser tocados, el abandono estatal al que «Don Poder» a condenado a los campesinos sumado al constante saqueo de tierras, ha convertido a uno de los suelos más ricos del mundo en un improductivo escenario de miseria y masacres.

Un estudiante que impide la entrada de un expresidente a su universidad, 10.000 indígenas marchando desde el sur curtidos por las faenas de la tierra, una rebelión de ruanas en los altiplanos tapizando de papas las carreteras, deberían bastarle a «Don Poder» para detener sus locomotoras y ponerle bozal a sus perros de caza.

Pero la increíble avaricia de «Don Poder» le ha arrebatado a los campesinos 6,6 millones de hectáreas tan sólo en las últimas 2 décadas, lo que equivale al 15% de la superficie agropecuaria del país y a pesar del saqueo y la falta de acceso a la tierra, el 70% de los alimentos que se produce en el país aun viene de los pequeños campesinos.

El que sólo 3 millones de hectáreas sean aptas para la agricultura, de las 34 millones que se les ha titulado a las comunidades indígenas y afro, demuestra los verdaderos intereses de «Don Poder» a la hora de repartir el país.

En Colombia las transnacionales y los señores feudales como Luis Carlos Sarmiento Angulo, ostentan el 2,5% de la tierra apta para la agricultura y allí sólo se siembran caña y palma para biocombustible. esta situación obliga a las comunidades a depredar las zonas protegidas, cada año en Colombia se deforestan 259.ooo hectáreas de bosques.

Hoy los cultivos en Colombia ocupan 7.4 millones de hectáreas, sin embargo el potencial agrícola del país es de 24 millones, un potencial desperdiciado, saqueado y amenazado por la megaminería. Mientras esto ocurre, el 60% del empleo rural es informal y no cuenta con protección social alguna, el 83% de la población rural está en el régimen subsidiado de salud, el 55% de los campesinos nunca ha recibido asistencia técnica para optimizar su producción, el 11% no tiene casa y el 16% vive en viviendas en muy mal estado ya que el 85% de la población rural carece de alcantarillado y el 60 % no tiene agua potable.

La historia de la tierra en Colombia ha sido la del despojo y el terror, en la década de los 50 del pasado siglo la violencia bipartidita privó a la masa campesina de 383.000 hectáreas y durante la reforma agraria de Carlos Lleras (1968-1974) con la que se quiso conjurar los males del campo colombiano, sólo se logro entregar 123.000 títulos campesinos, mientras a 935.000 familias aspirantes se les cerraba en la cara la posibilidad de tener tierra.

Según el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica,  220.000 personas han sido asesinadas entre los años 1958 y 2012, 166.609 han sido civiles, mientras que 24.482 pertenecen a los grupos subversivos.

Somos un pueblo condenado por nuestra indiferencia que ha olvidado su pasado campesino.

Por: Quinny – RadioMacondo.FM

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