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El Burromaestre y el Zanjón del Burro

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La Sucursal del Cielo tiene historias bastante curiosas en torno al burro, este pequeño perisodáctilo de la familia de los équidos, de orejas largas y de gran fuerza, que en tratándose de los nacidos de un asno y una yegua son específicamente mulas, a las que se les invoca afirmando que es más difícil que un parto de estas, pues son estériles.

Cuentan los anaqueles judiciales, que hace unas cuatro décadas un inspector de policía que respondía al nombre de Munir Barjun, arrestó un burro en la Plaza de Caycedo; también afirman los raizales que a la altura del teatrino del museo La Tertulia, existió el famoso Charco del Burro, con ocasión de la caída y muerte de este semoviente en uno de los lugares donde la caleñidad practicaba el fascinante nado; y todavía vemos burros por las empinadas calles de la Montaña Mágica de Siloé, subiendo las remesas o los materiales de construcción de las familias que colonizaron este territorio.

La enorme ventaja del burro en Cali es que tiene acceso a todas las clases sociales, pues en medio de los encopetados edificios del Ciudad Jardín se encuentra el Zanjón del Burro, una zanja grande y profunda que interactúa con el río Lili y con el Lago de la Babilla, biomas que se interconectan con los frágiles ecosistemas Bosque Seco Tropical del río Lili y su Humedal Léntico El Cortijo. Este zanjón es rico en biodiversidad, tiene una excelente cobertura arbórea y por ellos deambulan una importante cantidad de aves y otras exóticas especies de fauna.

Con el fin de darle accesibilidad a unos pocos predios que colindan con este importante ecosistema e interesados en la construcción de ostentosos edificios, se ha proyectado la construcción de una vía que fracturaría el Zanjón del Burro, utilizando como pretexto la descongestión vial de la vía Cañasgordas, tratando de ocultar la ostensible lesión que se causaría a este bosque encantado donde vive un mítico burro que sueña con ser un unicornio, custodiado por una legión de guatines, cual guardia pretoriana, como si los ciudadanos fuéramos una caterva de burros, gobernados por un folclórico burromaestre.

Ayer precisamente, se retomó el principio de precaución por parte del juez veintiuno administrativo de Cali que había despachado negativamente una acción popular interpuesta por un vecino del Zanjón del Burro, en virtud de las afirmaciones de los funcionarios del Dagma, Infraestructura Vial, Planeación Municipal y la Oficina Jurídica de la Alcaldía, de la no construcción del viaducto que heriría de muerte a la biodiversa zanja, soportados en un concepto de inviabilidad de la autoridad ambiental y un estudio vial de Universidad del Valle.

La semana pasada, mientras se tramita la apelación del fallo en el Tribunal del Valle del Cauca, se consumó el engaño y el Alcalde del Zanjón del Burro, anunciando con bombos y platillos que retomaría el proyecto vial, ordenando de paso que se suspendiera el Festival del Guatín convocado para una jornada cívica de siembra de árboles, tomando en cuenta los entusiastas defensores del ecosistema, que la misma autoridad ambiental caleña había entregado hace un par de años el inventario arbóreo con pobre censo de trescientos mil ejemplares y un alarmante faltante de casi quinientos mil, que resultan de la fórmula mundial de hábitat de un árbol por cada tres habitantes.

Por fortuna el operador judicial, respondió el reclamo del accionante y profirió mientras se define la segunda instancia, una medida cautelar de suspensión de cualquier actividad que pueda tener como finalidad la prolongación de la calle trece sobre el Zanjón del Burro, exigiéndole al exótico mandatario municipal, así como a los directores de planeación, infraestructura, Dagma y a los abogados de la alcaldía (quienes podrían haber incurrido en el punible de fraude procesal), para que en el término de la distancia den las explicaciones de rigor.

Es decir, que estamos como en burrolandia con un burromaestre. Quieren acabar con el Zanjón del Burro, beneficiando de contera cuatro actividades altamente contaminantes: la producción de metalurgia, cemento, alcohol carburante y la venta de automóviles; renglones en los que Armitage es accionista. Que burrada!

Cali, doce de abril de dos mil dieciocho.

 

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