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Opinión: Contra el viento de Uribe Vélez

Opinión: Contra el viento de Uribe Vélez - uribe-familia-obama

Uno de los más grandes hallazgos de la historia política colombiana y que se remonta a la llamada revolución del medio siglo (1848), según lo relata Germán Colmenares en su excelente, condensado, visionario e insuperable ensayo, “Partidos Políticos y Clases Sociales” 1968; es cuando la actual clase dominante toma “conciencia de clase”, se cubre con el manto de la representación general de la sociedad (sus intereses son los de toda la sociedad) conforma los dos partidos políticos tradicionales actuales y despliega todo el Poder para sí.

Los dos partidos políticos hegemónicos, tanto el Liberal como en el Conservador, a lo largo de todo el acontecer político colombiano hasta hoy, es decir durante 167 años, siempre han interactuado e imbricado dos fracciones con concepciones y nombres distintos, pero que en el fondo corresponden a una tipología básica:

Unos “guerreristas” o exasperados liberales o conservadores, y otros “pacifistas” o moderados liberales o conservadores. Unos impulsadores de la guerra, solos o coaligados, mientras los otros acumulaban capital y se enriquecían con esta, solos o en coalición.

Es la historia de las 9 guerras civiles seguidas de los varios   pactos bipartidistas en las alturas ocurridas durante el siglo XIX. De los conflictos sangrientos de los años 30 con sus acuerdos políticos bipartidistas. De la llamada Violencia Bipartidista del medio siglo XX cuyos 300 mil muertos fueron saldados con el pacto liberal conservador de Sitges: historia de la infamia suficientemente aclarada en extenso por Fernando Guillen Martínez en su ya clásica obra “El Poder Político en Colombia” 1979.

Luego la transformación del conflicto social y político en la guerra contrainsurgente prolongada hasta la actualidad, que por razones de su mismo desarrollo durante 60 años, ha tenido que llegar a una Solución Política del mismo, es decir a un Pacto Político pero ya no  en las alturas del Poder y entre las fracciones guerreristas y pacifistas de Liberales y Conservadoras de los dominantes como se venía haciendo, sino mediante un Pacto Vertical con un amplio sector social subordinado, cuyo tamaño aún no ha sido cuantificado a pesar de las cifras de la desinformación mediática.

Y este es el QUÉ, el CUANDO y el POR QUÉ, en el cual nos encontramos actualmente. Situación que no se ha entendido o mejor no se ha querido entender por el sector “guerrerista” de la clase dominante.

Con el proceso de paz de la Habana, cuyo fin se vislumbra, hemos ido llegando paulatinamente a un “compromiso” social verdaderamente novedoso y de muy amplio y serio reconocimiento Mundial e Internacional; que con el acuerdo sobre la Justicia Transicional alcanzado el 24. 09.2015, se ha destapado el antihigiénico y destartalado inodoro, encharcado y rebosante de materia fecal del conflicto social y armado colombiano, para ponerlo a fluir y a correr. Posiblemente el inodoro continúe siendo el mismo durante un tiempo, pero una vez destapado es indudable que se ha generado una nueva situación general.

¿Cuál es la estrategia política actual de los guerreristas dominantes en su acre disputa por la hegemonía del control de toda la maquinaria del Bloque de Poder Contrainsurgente dominante, montada durante todos estos largos años de conflicto? La misma de siempre: El Miedo más visceral y su compañero inseparable la vil Mentira, sintetizados en los trinos y declaraciones de Uribe Vélez, enfurecidos por unas declaraciones imprudentes y provocadoras del Fiscal Montealegre que rápidamente el Oligopolio Mediático Contrainsurgente se apresuró a publicar (¿Dónde está la costosísima Springer que no los asesora bien?):

Le van a entregar el país a las Farc por meterme a la cárcel” tuitea AUV  (ver  http://www.elespectador.com/noticias/politica/le-van-entregar-el-pais-farc-meterme-carcel-uribe-al-fi-articulo-589358 )

Que deja clara su intención de largo alcance por no aceptar nunca lo que significa para la Colombia actual la palabra internacional o diplomática “Compromiso”, en donde las partes en conflicto, por razones de que ninguna pudo derrotar a la contraparte (ni la guerrilla derrotó al Estado; ni este a pesar de los falsos positivos y todo el Terror de Estado contrainsurgente desplegado durante 60 años pudo derrotar a los insurgentes) se han visto obligados a llegar a un Compromiso en donde ambos ganan, pero también ambos pierden. Hay que basarse estrictamente en lo escrito y pactado.

Discrepo amigablemente de quienes desde la llamada  Izquierda colombiana creen que Uribe Vélez “muerde la derrota” o que su destino es la cárcel. O incluso el clamor de algunos “liberales pacifistas” quienes reproduciendo el cuento del embajador de Los EEUU en Bogotá de que  este tenebroso personaje tantos años a su servicio es “necesario para la paz de Colombia”, suplican por una alianza entre JM Santos y Uribe Vélez, cuando no hay tal.

En un horizonte de mediano plazo que no subestime la fuerza social que representa AUV con sus poderosos apoyos Trasnacionales que tiene, tanto en el gobierno de los EEUU como en Europa, lo que se ve es un reagrupamiento peligroso del sector partidario de continuar la guerra contrainsurgente que está trayéndose a su lado a un viejo y ducho militarista liberal como el vicepresidente Vargas Lleras, con su nuevo figurón Peñalosa como bisagra de unión.

Creo que Uribe Vélez así como está y con todo el viento  caliente que sopla y sus trinos flatulentos, es benéfico para que la cometa de la paz definitiva, digna y perdurable en Colombia se eleve en el firmamento donde pueda ser vista desde cualquier parte del Mundo. Este es uno de los logros del proceso de paz de la Habana: La irremediable e irreversible ruptura entre las dos fracciones de la Oligarquía (la guerrerista y la pacifista de que hablábamos al comienzo) en su encarnizada disputa entre JM Santos y Uribe Vélez por hegemonizar el Bloque de Poder Contrainsurgente dominante en Colombia, que sigue todavía intacto y que nos exige seguir pensando en cómo incidir como tercera fuerza para desmontar o trasformar semejante inodoro, y para que una nueva práctica de Justicia Social con Democracia y Soberanía  fluya nuevamente por los cauces de un Estado social de derecho.

 
Por Alberto Pinzon Sánchez
médico, antropólogo y ensayista colombiano

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