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Conocer y representar el horror

Conocer y representar el horror - foto

Las formas de narrar y representar el horror  fueron analizadas desde una perspectiva multidisciplinar en la Universidad de los Andes

En la Universidad de los Andes se llevó a cabo el foro: Conocer y narrar el horror. El evento fue moderado por  Juan Pablo Aranguren, doctor en ciencias sociales y profesor de la facultad de psicología de esa universidad.

Un psicólogo social, un sociólogo y un psicoanalista analizaron desde sus áreas de conocimiento, y trabajo, la narración y representación del horror tanto en los medios, los informes institucionales y trabajos de investigación.

El objetivo del encuentro era ofrecer diversas miradas sobre las formas de presentar las experiencias de sufrimiento y victimizaciones como la desaparición, entre otras.

El sociológo uruguayo,  Gabriel Gatti, se refirió a los sustantivos de víctimas, y desaparecidos que circulan hoy, de manera frecuente, y mostró algunos textos en los medios de comunicación españoles que reportaron sobre las víctimas de Franco[i].

“Estos sustantivos son categorías, un lugar donde habitar, tener un discurso e identidad. Mostrar la categoría de víctima se ha convertido en receptor de identidad, de discurso”, afirmó Gatti, quien es hijo de desaparecidos.

El sociólogo aseguró que a partir del año 2005 se empezó a  hablar más sobre las víctimas del Franquismo en España y en el 2007 crearon mapas de las fosas comunes, se hablaba de desapariciones.

“Pero esto no quiere decir que las víctimas no existían antes, sino que se empiezan a usar esos conceptos con normalidad (…) Estas categorías sirven de reconocimiento a personas que antes no tenían nombre”, agregó.

Durante su intervención, Gatti compartió una exposición de Gervasio Sánchez, reportero gráfico español, con fotos de desaparecidos de diferentes partes del mundo, que corresponde -según Gatti- una estética de la figura del desaparecido.

Por su parte, Juan Pablo Aranguren explicó que aunque hay una tendencia a no reconocerse en el otro, al buscar en el árbol genealógico siempre se encuentra alguien de la familia que ha sido victimizado.

Aranguren dio un ejemplo de un grupo de estudiantes de Los Andes quienes preocupados por el tema de las “víctimas” y con el interés de entrevistarlas querían buscarlas en barrios humildes de la ciudad; entonces Aranguren los invitó  a buscarlas en la universidad y encontraron entre ellos parientes de líderes de izquierda asesinados, de padres secuestrados comprobando así que la victimización era parte de su historia.

 Conocer y representar

En el transcurso del foro se analizó cómo la “víctima”, aislada en un determinado momento se ubicó en el centro social y en el espacio público como alguien que debe ser reconocido por algo.

Explicó Gatti que existen dos enfoques acerca de  la categoría de víctima: “En el francés, la víctima cada vez se instala más en el espacio colectivo,  quita protagonismo al ciudadano (…) el abordaje anglosajón, que es sensible a atender al dolor de los demás,  plantea convertirlo en un problema social universal”.

Entre tanto, para el psicoanalista Marcelo Viñar, el éxito mediático de la violación de derechos humanos le hace sentir desagrado porque convierte la lucha en un hit televisivo. “Se transforma la tragedia en comedia”.

Sin embargo, “Esta trivialización televisiva y la producción de ídolos, (…) esas contradicciones a veces son fecundas porque reemplazan el silencio abrumador donde los desaparecidos eran desaparecidos”.

En el “posconflicto” esa palabra tan de moda, había una prédica del silencio – continuó Viñar – por eso la trivialización televisiva, esa imagen dice algo aunque aparezca al lado de una publicidad de gaseosas. “La prefiero a la dimensión del silenciamiento cuando éramos mirados con desdén porque queríamos hablar de eso”.

En opinión de Viñar, el tema de este foro no solo era pertinente sino ineludible porque representar es, literalmente, la capacidad de volver presente los objetos ausentes.

“El lenguaje, lograr la capacidad de ser seres hablantes, es un logro de la especie humana, ser seres hablantes. El lenguaje está en contradicción con el horror porque el horror trastoca la capacidad de pensar, somos toda emoción, afecto, pasión y crueldad, del afecto, sin pensamiento (…) Conocer y representar es crear con palabras, por eso el horror es la destrucción de esa empresa creativa”, añadió Viñar.

Para el psicoanalista uruguayo, el relato es parte esencial de cualquier comunidad y es fundamental para conocer el pasado, saber de dónde venimos y para dónde vamos; de ahí que transmitir la memoria sagrada, de valores y creencias, es uno de los más viejos oficios de la humanidad y rasgo distintivo de la especie humana.

¿Cuál es entonces, en términos de memoria, la frontera saludable entre memoria y olvido, quién lo decide? No es el poder político. Es importante preguntarse ¿cómo marcan los roles, los estigmas, cómo marca ser hijo de un ancestro mancillado?

Por una ética de la escucha

En su intervención, Juan Pablo Aranguren sostuvo que algunas organizaciones sociales se han apasionado en narrar el sufrimiento, en que se pone peso a las narrativas gubernamentales y en visibilizar lo silenciado, la violencia extrema.

“Esas prácticas de sistematización  del sufrimiento, han instalado una narrativa sobre la efectividad del daño, en decir cuántos, de qué manera fueron torturados y dónde, pero sin profundizar en la experiencia subjetiva”, explicó Aranguren.

Uno de los efectos de esa narrativa de la efectividad del daño es que se concentra en el lenguaje de responsabilidad, recrea los hechos violentos, se concentra en el hecho y no en la persona que lo experimentó.

El lenguaje estadístico de indagar por el qué (…) ese lenguaje austero y sistemático, la violencia epistémica no se preocupa por los individuos” esas estadísticas pueden ser borradas también, pueden desaparecer.

Aranguren se refirió también a la resistencia de algunas personas que se resisten a los discursos oficiales que “subalternizan” al sujeto, que lo ven como inferior y alguien a quien dotarlo de voz.

También preguntó acerca del lugar desde el que se narra, de la presentación de memorias públicas que hablan solo desde el dolor de la víctima pero que no muestran a la persona en su integridad, más allá del hecho victimizante.

Finalmente, Juan Pablo Aranguren invitó a reflexionar acerca del desarrollo de una ética de la escucha por parte de quienes recogen testimonios: periodistas, investigadores, psicólogos, activistas, etc.

Aranguren invitó a buscar otras formas de narrar el dolor, el horror y recordó que: “quienes están ante el dolor de los demás no pueden escapar del marco geopolítico en que se inscriben”.

La ética de la escucha es una vieja idea a Frantz Fanon[ii], que invita a reconocerse en el otro que decimos no ser, esos otros distantes que decimos no ser: las víctimas o los actores de la guerra. “El acto de reconocernos en el otro, es un camino de la ética de la escucha (…)”, puntualizó Aranguren.

[i] https://www.es.amnesty.org/paises/espana/victimas-de-la-guerra-civil-y-del-franquismo/

[ii] http://www.academia.edu/6398986/PEDAGOG%C3%8DAS_DECOLONIALES

 

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo/ Prensa Reiniciar

 

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