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Carta abierta al presidente Iván Duque El Estado debe cumplir con la implementación de lo pactado

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Señor presidente, Iván Duque:

La militancia de las extintas FARC-EP, hoy inmersos en nuestra reincorporación integral a la sociedad como resultado del Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano y nuestra otrora insurgencia armada, somos objeto de una sistemática persecución y asesinatos que al día de hoy suman más de 253 signatarios de la paz, sin contar los familiares y desaparecidos, luego de la firma del Acuerdo Final pactado en la ciudad de La Habana, Cuba.

Todos y todas quienes hicimos parte las ex FARC-EP por 53 años siempre planteamos y buscamos una salida civilizada a la guerra, muy a pesar de que el Establecimiento nos obligó a utilizar las armas para defender la vida y la de nuestras familias, a resistir una violencia promovida por quienes, como usted, señor presidente, han estado al frente de los destinos de Colombia. Tuvieron que pasar más de cinco décadas de una confrontación política y armada que trajo fatales consecuencias en nuestra sociedad. Por eso, cuando junto al Estado, encabezado por el expresidente Juan Manuel Santos, pactamos algunas mínimas garantías, y luego de nuestra colectiva decisión, no dudamos en emprender unas conversaciones que llevarían a un proceso de paz.

Claro que nos acompañaba, como hoy, la incertidumbre, por cuanto la historia está manchada con sangre de quienes en el pasado se desmovilizaron y entregaron las armas fueron cayendo uno a uno como hoy, hasta desaparecer esta esperanza y anhelos de paz. Hoy la realidad no es menos dura. Hay cientos de líderes, lideresas, defensores de DDHH y firmantes de la paz exterminados cuyo único delito es construir patria.

Presidente, creemos toda la familia fariana que ustedes, como Gobierno Nacional, todavía no han entendido la importancia del proceso de paz para el presente y el futuro de nuestra nación. Es el acontecimiento político más importante en la historia de Colombia y el que ha recibido más apoyo internacional por sus propósitos en defensa de la vida y la paz. El Acuerdo de Paz terminó con una de las guerras más largas del mundo. Considero que al mismo Estado le falta toda la pedagogía de paz necesaria. Si no creamos una cultura de paz, será muy compleja su construcción. Hace mucho rato el partido de gobierno viene cabalgando sobre los incumplimientos y la mentira, presidente.

Hemos cumplido al pie de la letra lo pactado. Tomamos una decisión trascendental: cambiar las armas por la palabra, el debate y el consenso político. Desarmarnos no fue una decisión fácil, pero nuestro anhelo y el de la sociedad era el de transitar los caminos de la reconciliación.

Presidente, es válido recordar hoy, luego ver caer exterminados a 253 firmantes de la paz, dejamos 9224 armas, 48 toneladas de explosivos, 56 000 iniciadores eléctricos, 14 115 granadas de diverso tipo, 4430 minas antipersonas, 66 722 metros de cordón detonante, 1 951 000 cartuchos o municiones. Mal contadas estamos hablando de 390 toneladas de armamento, el cual fue registrado, certificado, inhabilitado por la Misión Política de las Naciones Unidas en Colombia. Y para terminar con este acuerdo de paz, este armamento fue fundido para construir los tres monumentos acordados. Estas armas jamás volverán a la guerra.

Es bueno, recordarle presidente, que en toda esta etapa de dejación de armas, en lo que tiene que ver con la extracción de caletas y destrucción del explosivo en nuestro poder participaron la totalidad de los 450 observadores internacionales de la Misión, más de 800 ex integrantes de las FARC-EP, aproximadamente 500 miembros de la Unidad de Policía Especial para la Paz (UNIPEP) y un importante despliegue de más de 9000 integrantes de las Fuerzas Militares a lo largo de todo el territorio colombiano.

Las operaciones demandaron un enorme esfuerzo logístico y operacional, con un total de 283 horas de vuelo de los tres helicópteros de la Misión de Naciones Unidas (393 movimientos aéreos), el apoyo de 210 horas de vuelo con helicópteros proporcionados por el Gobierno de Colombia, más de 20 transportes por vía fluvial y más de 120 terrestres, contabilizándose cerca de 40 000 kilómetros recorridos entre vehículos, embarcaciones y a lomo de mula.

Cumplimos y hemos cumplido, señor presidente, porque creemos en la paz posible y creímos en la palabra empeñada por el Estado, el cual usted representa. Y vea ahora con lo que nos salen: perfidia, traición, estigma, odios, venganzas, asesinatos y, como fuera si poco, su partido de gobierno siempre ha querido “hacer trizas la paz”. Aunque no podemos negar que sí hay importantes avances, pero no como debería.

Esta matanza sistemática, organizada y ejecutada contra quienes enarbolamos paz, esperanza y vida digna, se realiza en todo el territorio nacional por fuerzas poderosas que su Gobierno no ha querido contener, ni combatir, con un silencio cómplice y una insensibilidad que lo hace directo responsable; porque le asiste por orden constitucional “preservar la vida, honra y bienes de los ciudadanos” y no lo esta cumpliendo, presidente.

Yo, como firmante de la paz, igual que miles de mis compañeras y compañeros, estamos absolutamente comprometidos con el Acuerdo de Paz, con las víctimas y la sociedad. Pero créanos, señor presidente, que las y los signatarios del Acuerdo Final de paz no tenemos paz, sosiego y tranquilidad junto a nuestras familias. Presidente, no firmamos la paz para morir asesinados. Nadie en el universo deja las armas para morir violentamente. Necesitamos que nos garanticen la vida, tal como se comprometieron ante nuestra sociedad colombiana y la Comunidad Internacional.

El Estado debe cumplir con la implementación eficaz e integral de lo pactado. El Acuerdo de Paz no se hizo para la extinta insurgencia armada, se hizo para que Colombia transitara por la reconciliación, la convivencia, la paz, el perdón y sobre todo que nunca más se repitan la persecución, la represión contra el pueblo, y el asesinato.

Finalmente, presidente, usted, como primera autoridad de la nación, debe parar ya estos crímenes contra la paz. Usted tiene todas las herramientas políticas, jurídicas, legislativas y financieras, solo le falta voluntad política y amor por la patria.

 

Partido FARC
Por Rubín Morro
Martín Cruz, excombatiente de FARC y escritor
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