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La Magia del Amazonas

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La Magia del Amazonas
Disertaciones del Crepúsculo – Armando Palau Aldana
Estuvimos a finales de agosto en el corazón de amazonas colombiano, donde llegamos procedentes de Cali con escala técnica en Bogotá con Solanyi, Valentina y la flaca Sofía. El hotel está a diecisiete kilómetros aguas arriba del río y frente a la ribera peruana, enclavado en la selva, construido en madera y techo de paja, como exigencia de la autoridad ambiental Corpoamazonía, para causar los menores impactos sobre la fauna y la flora por este complejo turístico.
La majestuosidad del río tutelar que en inmediaciones del Puerto de Leticia alberga tres países hermanos: Brasil, Perú y Colombia; comparte el privilegio de ser uno de los más grandes del mundo con el Nilo en Africa, guarda bajo sus aguas todos los misterios que conocen sigilosamente los Tikunas, pueblos indígenas de esta selva ancestral; y es la casa del delfín rosado, este mamífero cetáceo de excepcional maniobrabilidad, juguetón, cariñoso y solitario.
Adentrándonos por un sendero hecho también de la noble madera, levantado a unos metros sobre el suelo amazónico, se llega a quebrada Patacua, pasando por una especie de exuberante galería de gigantes árboles que se levantan imponentes hacia el azul celeste como dioses enclavados en la biodiversidad de uno de los pulmones de la tierra. Mis pobres oídos alcanzaron a escuchar el graznido de exóticas aves como los Arrendajos y Oropendoles en un verdadero santuario de flora y fauna.
Nos adentramos a orillas del Amazonas de la guianza de Linford, un tikuna del Resguardo Nazareth, quien nos enseño las maestranzas de las Ceibas, estos milenarios árboles sagrados de América donde habita el dios Iroko que otorga o cura los deseos. Visitamos los legendarios y diminutos monos Tití y conocimos los cultivos de Yuca, Platano, Maíz y Uchuva de los pueblos originarios.
La misma selva amazónica, que fue inspiración de José Eustasio Rivera, para escribir La Vorágine, considerada la primera novela de denuncia social en la literatura colombiana de inicios del Siglo XX, entre la ficción y la realidad de las peripecias del poeta Arturo Cova y su amante Alicia, llenas de pasión y venganza, enmarcada entre los llanos y el amazonas a donde huyen, mientras expone la trama de las duras condiciones de vida de los colonos e indígenas esclavizados durante la fiebre del caucho.
La oferta turística es costosa, toda vez que se encuentra el hospedaje aislado sin competencia cercana que ayude a regular los precios. Faltan guías turísticos que permitan un mayor y accesible disfrute de la oferta natural. Ello es un lunar que no alcanza a demeritar el mágico encanto de estar en el banco genético más importante de la humanidad, como un tesoro de las generaciones presentes y futuras, cuyo valor intrínseco no contabilizan los mediocres agentes estatales y que está expuesto al anhelo de la derecha que cogobierna nuestra atribulada patria, ante la amenazante presión de Monsanto y del gobierno estadounidense para aplicar el desfoliante y cancerígeno glifosato.
Este patrimonio de los colombianos y el mundo está en manos de ocho millones de compatriotas que depositamos nuestra confianza la esperanza de cambio político en junio pasado y que se acrecentó tres meses después a once y medio millones de ciudadanos que queremos unir fuerzas contra la corrupción para decir como en el poema de Lorca ¡Verde que te quiero Verde!
Leticia, primero de septiembre del año de gracia dos mil dieciocho.

 

 

Por Armando Palau Aldana

www.radiomacondo.fm

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