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¿Energía nuclear? Abstente: no es limpia, es cara y riesgosa

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No es cierto que sea limpia. Puede que en comparación con las energías fósiles genere menos gases de efecto invernadero, que causan el cambio climático. Sin embargo, este criterio no la vuelve una energía limpia, ya que su cadena comercial (que incluye la extracción minera de materiales nucleares, la operación en estaciones nucleares, el manejo de desechos nucleares y el reprocesamiento) está llena de potenciales fugas y contaminación, a la vez que produce pasivos altamente tóxicos por miles de años. Los impactos ambientales de otras alternativas de generación de energía eléctrica (la energía nuclear sólo produce electricidad, por lo que la discusión se circunscribe a este tipo de energía) tienden en general a ser mucho menores.

La excepción pueden ser los grandes proyectos hidroeléctricos, donde se pueden presentar desviaciones de cursos de ríos, alteración de ecosistemas, inundaciones de tierras productivas, relocalizaciones de poblaciones, entre otros; pero en general son conocidos y llevamos años manejándolos (no del todo bien en algunos casos, como evidencian proyectos como el Quimbo), mientras que los de la energía nuclear no los hemos experimentado.

Entonces, no se puede señalar que la nuclear es la opción fácil para la transición a una matriz energética más diversa, como lo sugiere el editorial del periódico. Además de que no hemos experimentado con ella, hay que decir que es cara y riesgosa.

En cuanto a los costos, basta decir que los relacionados con las centrales Flammanvile (Francia) y Olkilouto 3 (Finlandia) han excedido todas las expectativas. La construcción de un nuevo reactor en el primer caso y de una planta nuclear en el segundo se suponía que estaría en el orden de los 3.000 millones de euros cada uno y ahora va por los 8.500 millones en ambos casos. Y para rematar, ninguno empezó operaciones cuando se suponía: Flammanville en 2012 y se espera para 2016; Olkilouto en 2009 y se espera para 2015.

Ahora, los riesgos son alarmantes y han hecho que muchos países reconsideren esta opción, principalmente a raíz de lo que ocurrió en Fukushima. En Francia, Segolene Royal, ministra de Ecología, Desarrollo Sostenible y Energía, acaba de pasar un proyecto de ley para reducir la participación de energía nuclear a un 50% en 2025 (actualmente es del 75%); mientras que el gobierno de Alemania anunció su decisión de cerrar todos sus reactores nucleares antes de 2022.

Después del desastre, Japón también tomó medidas: planteó no sólo reducir su participación en energía nuclear (que antes del desastre representaba el 26% de las fuentes de energía y se pensaba aumentar al 45% para 2030), sino parar todas las operaciones nucleares antes de 2040.

Estas medidas se están dando en países con una vasta experiencia en el uso de este tipo de tecnologías. Colombia, a diferencia de ellos, no tiene experiencia en el manejo de energía nuclear, pero al igual que Japón es susceptible a los terremotos, lo que desató el accidente de Fukushima.

Por estas razones, es una buena idea seguir el consejo que da El Espectador: mejor abstente. La alternativa es empezar a investigar sobre nuevas fuentes de energía renovables. La inversión que se necesitaría para iniciar la investigación y el desarrollo de proyectos nucleares en Colombia podría destinarse a mejores opciones como la eólica, solar o geotérmica.

Fuente: elespectador.com

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