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El legado de las tres pioneras que miraron a los primates de tú a tú

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Biruté Galdikas, Jane Goodall y Dian Fossey. / SINC

Las llamaron ‘las trimates’. Jane Goodall, Dian Fossey y Biruté Galdikas revolucionaron la primatología en la segunda mitad del siglo XX. Desde entonces, esta disciplina se ha considerado un modelo de igualdad de oportunidades; sin embargo, las actuales investigadoras afrontan brechas similares a las de otros campos.

Entre las décadas de 1950 y 1970, el paleontólogo Louis Leaky encargó a tres mujeres, aún inexpertas pero apasionadas por la naturaleza, el estudio de grandes primates en la selva: los chimpancés, orangutanes y gorilas. Ellas fueron Jane GoodallBiruté Galdikas y Dian Fossey, y hoy son las autoras más reconocidas a escala mundial en el campo de la primatología.

“Destacaron en este campo porque Leaky las seleccionó y afortunadamente fueron muy buenas. A ellas les apasionaba su trabajo, lo cual es muy importante en la ciencia, y por eso se convirtieron en referentes”, explica a SINC Capitolina Díaz, catedrática de sociología de la Universidad de Valencia y experta en género y ciencia.

Según Eulalia Pérez Sedeño, profesora de investigación en ciencia, tecnología y género en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), “antes de la década de los sesenta, los primates solo habían sido estudiados de forma intermitente y casi siempre por hombres. Observaban sobre todo a los mandriles, que constituían una sociedad muy agresiva competitiva dominada por los machos. No se les ocurrió que las hembras tuvieran un comportamiento distinto. Las mostraban como sujetos pasivos”.

Pero estas creencias empezaron a resquebrajarse a finales de la década, cuando las llamadas ‘ángeles de Leaky’ comenzaron sus estudios de campo. Con ellas, la primatología se estableció como área de investigación con peso propio.

Una mirada a las hembras

Jane Goodall (Reino Unido, 1934) viajó a la selva de Kenia a los 23 años y tres más tarde (1960) Louis Leaky la envió a Gombe (Tanzania). Cuando partió no gozaba de una formación científica, por lo que no tenía ideas preconcebidas por estudios previos realizados por otras personas.

Su trabajo, que todavía está en curso 60 años después, se convirtió en el primer proyecto de investigación de campo a largo plazo con simios salvajes. Ni Goodall ni Leakey sabían que duraría tanto tiempo.

La pionera en la investigación y recuperación de los gorilas, Dian Fossey (EE UU, 1932 – Ruanda, 1985), marchó a Ruanda en 1963. Allí murió asesinada a los 53 años, supuestamente por los cazadores furtivos contra los que ella luchaba.

Biruté Galdikas (Alemania, 1946) tomó un camino diferente hacía Borneo (Indonesia) en 1971, donde se convirtió en referente gracias a su trabajo con los orangutanes y a su labor como activista, en la que todavía continúa, por la conservación de esta especie en peligro de extinción.

Tal y como explica Montserrat Colell, profesora de la Universidad de Barcelona e investigadora en primatología, la razón por la que estas tres científicas marcaron la diferencia reside en su trabajo de campo con grandes simios: “Ellas consiguieron cambiar los paradigmas del estudio de primates, no porque analizaran los datos de una manera distinta a la del resto de científicos, sino porque se hicieron otro tipo de preguntas”.

En primer lugar, pudieron entender el medio en el que vivían los animales porque permanecieron largas temporadas en la selva observándolos. Además, para estudiarlos con una cercanía mayor, Goodall decidió cambiar los cánones establecidos y darle un nombre a cada sujeto en lugar de ponerle números, como se hacía hasta entonces.

El descubrimiento más revolucionario de Goodall se dio cuando vio a los chimpancés quitarles hojas a las ramitas para diseñar una herramienta con la que cazar en un nido de termitas. Hasta entonces, los científicos pensaban que el ser humano era la única especie que hacía y usaba herramientas.

Al avanzar en la comprensión del comportamiento de estos simios, cambiaron también el modo de entender el nuestro. “No podemos entender al ser humano sin compararnos con aquellos con los que biológicamente más nos parecemos, que son los primates”, afirma Miquel Llorente, psicólogo y profesor del máster de primatología de la Universidad de Girona.

Durante sus investigaciones, “las tres primatólogas estudiaron no solo a los machos, sino también a las hembras, a los machos no dominantes y a las crías”, explica Pérez-Sedeño. “Así se dieron cuenta de que en algunas especies de primates, las hembras tenían relaciones sexuales entre ellas y que, además, se juntaban para atacar a los machos y protegerse de ellos. Empezaron a verlas como agentes activos”, aclara.

“No es que los sociobiólogos masculinos trataran de ignorar tal comportamiento, simplemente no se les había ocurrido antes que las hembras podrían comportarse de manera distinta o que valía la pena prestarles atención”, explica a SINC Sarah B. Hrdy, psicóloga evolutiva, primatóloga y profesora emérita de antropología en la Universidad de California en Davis.

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Dian Fossey, Jane Goodall y Biruté Galdikas. / The Dian Fossey Gorilla Fund International

Empatía y género

Carole Jahme, apasionada por las primatólogas y autora del libro Bellas y bestias: el papel de las mujeres en los estudios sobre primates, ha apuntado que estas mujeres descorrieron un velo en el estudio de los animales gracias a su empatía. “En general, las mujeres tienen más empatía que los hombres. La empatía con los primates salvajes puede ayudar a los biólogos a comprender las presiones a las que se ven sometidos los animales y puede ayudar a los científicos a formular preguntas a sus animales de estudio”, afirma.

La discípula de Jane Goodall Rebeca Atencia, y directora de su instituto en Congo, coincide en la importancia de este rasgo: “Las mujeres hemos hecho una selección natural para entender las necesidades de un bebé o de un primate sin que hable”, considera. “Esta empatía ha llegado incluso a ser dañina para mí. Terminé con un trastorno por estrés postraumático por la pérdida de algunos chimpancés que eran muy amigos míos. Vi enfermo a uno de ellos, con el que había convivido muchos años”, cuenta a SINC.

No obstante, Alison Jolly, reconocida primatóloga ya fallecida, rechazó que las mujeres tuviesen unas características biológicas intrínsecas de personalidad que las hacen más adecuadas para entender a los primates. Según ella reivindicaba, estas cualidades no se deben tanto a características innatas como a la educación recibida.

Otras personas expertas en género rechazan la idea de empatía ligada biológicamente al sexo femenino. “Todos [hombres y mujeres] reaccionamos a la sonrisa de un bebé, a todos nos sale ternura y dulzura ante otros mamíferos. No hay nada en los humanos que sea exclusivamente biológico, todo es sociobiológico, ya que todo está filtrado a través de un cerebro humano y mezclado con lo social”, reitera Capitolina Díaz.

Coincide con Eulalia Pérez-Sedeño: “El matrimonio [Leaky] pensó que las mujeres estaban mejor dotadas en el trabajo de campo con los primates porque son más pacientes, más cuidadosas, tienen más empatía… pero todo eso no tiene nada que ver con la genética, tiene que ver con cómo se nos educa, por supuesto”, declara a SINC.

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Rebeca Atencia con chimpancés bebés. / Fernando Turmo IJG

¿Igualdad de oportunidades?

La popularidad de la primatología se debe en gran medida a la fama de Fossey, Goodall y Galdikas, que han sido una increíble fuente de inspiración. Es por ello que esta disciplina ha sido a menudo señalada como un modelo de igualdad de oportunidades.

Sin embargo, este modelo de igualdad fue cuestionado en 2012 por las investigadoras italianas Elsa Addessi, Marta Borgi y Elisabetta Palagi, que realizaron un estudio sobre la representación de las mujeres en este sector. Estas reconocen que la presencia de las mujeres ha aumentado en la ciencia, pero confirman que en las escalas académicas más elevadas y en los puestos directivos hay más personal masculino que femenino.

“La proporción de primatólogas aumentó desde el 38 % de principios de la década de 1990 hasta el 57 % en 2008. Además, hay más mujeres en la primatología que en otras ciencias biológicas. Sin embargo, la primatología está lejos de ser una disciplina de igualdad de oportunidades y sufre el fenómeno del techo de cristal como todas las demás disciplinas científicas examinadas hasta ahora”, confirma a SINC Elsa Addessi, bióloga del Instituto de Ciencia y Tecnología del Conocimiento.

Recordemos que en estudios de género, se denomina techo de cristal a una barrera invisible —no existen leyes que impongan una limitación explícita— que impide a las mujeres ascender en sus carreras profesionales en las organizaciones.

Las facultades de primatología “atraen a más estudiantes mujeres que hombres, pero entre los profesores los varones superan con creces a las mujeres”, según la experta. “Además, analizando la literatura, vemos que los hombres publican mucho más que sus compañeras mujeres”, añade.

Hrdy señala, además, que “cuando las llamadas ‘chicas Leaky’ estudiaron el comportamiento de los grandes simios en sus hábitats naturales, esta no era un área de estudio prestigiosa ni bien financiada”. Esto redujo la competencia en su área y proporcionó a Fossey, Goodall y Galdikas, apodadas ‘las trimates’, una oportunidad para destacar.

Por otra parte, recuerda Hrdy, “una de las razones por las que ellas permanecieron en el terreno más tiempo que sus mentores varones es que ellos estaban de vuelta en sus universidades atendiendo a las bases de poder”. Es decir, mientras sus compañeros volvían a labrarse brillantes carreras en la academia, ellas se quedaban observando a sus primates.

Las mujeres, obligadas a esforzarse más 

Rebeca Atencia cuenta que nunca ha considerado un impedimento el hecho de ser mujer, pero tuvo que demostrar mucho para ser respetada. “Yo estaba con hombres congoleños muy fuertes. Teníamos que andar kilómetros y kilómetros con lluvia para buscar a los chimpancés y no podía mostrarme débil. Tenía que demostrar mucha fuerza aunque estuviese cansadísima, y valentía aunque tuviera miedo. Eso al principio cuesta, pero luego, cuando lo logras, te valoran más por ser mujer”.

Ella es una de las muchas científicas que ahora están estudiando el comportamiento de los grandes primates en la selva. También lo hace Karmele Llano, fundadora y directora de la organización International Animal Rescue en Indonesia, quien viajó desde el País Vasco a Borneo para proteger a los orangutanes, siguiendo los pasos de Biruté Galdikas. Estas dos españolas dejaron sus ciudades de origen para cuidar y estudiar a estos simios a los que ya consideran amigos. Su cercanía, la pasión por su trabajo y la empatía les ha permitido ser referentes en el rescate y la protección de grandes primates.

 

Con información de la Agencia SINC
www.radiomacondo.fm

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