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Alonso, a escalar en Mónaco

Alonso, a escalar en Mónaco - alonso

Ni siquiera la lluvia, que regó la pista durante la mitad de la sesión, evitó la fiesta de Mercedes. La fiesta de Nico Rosberg en las calles que le han visto crecer. Nadie pudo evitar la cuarta pole del alemán, coronado como el rey de los sábados de este curso, tomando el relevo de Sebastian Vettel, inalcanzable en años anteriores. Ni siquiera Lewis Hamilton pudo echar el lazo a su compañero, que conoce como pocos cada milímetro de la ciudad. Mucho menos Fernando Alonso, que tendrá que escalar desde la sexta posición, tras una dura jornada en la que volvió a ver la realidad de Ferrari en clasificación pero mantiene la esperanza de luchar por el podio en su circuito favorito.

El español ya sufrió para conseguir un billete al ‘top ten’. La lluvia cesó y cambió el escenario ante la sorpresa de Ferrari. A tres minutos del final, calzado con intermedios, su F138 estaba fuera de combate. El resto de la parrilla pulverizaba sus registros gracias a las gomas superblandas, mientras él trataba de llegar a su ‘box’ en una situación límite. Un cambio de gomas a mil revoluciones y a cruzar los dedos para que ninguna bandera amarilla ni cualquier inorpotuna nube lo dejase en medio de la nada. Y así, con la escudería italiana conteniendo la respiración, selló la quinta posición. A segundo y medio de Vettel, eso sí.

Y la cosa apenas mejoró en el momento clave. Mientras Mercedes y Red Bull mantenían un mano a mano por la ‘pole’, él trataba de mantener la calma. De racionalizar sus recursos para estar lo más cerca posible de la cabeza. Calentó neumáticos, apretó los dientes y el resultado fue una sexta posición agridulce, que obliga de nuevo a trepar por una parrilla escarpada, donde quien la encabeza suele terminar descorchando la botella de champán. Contra eso tendrá que lugar el asturiano, rememorando episodios no tan lejanos como aquella remontada antológica en 2010, donde escaló desde la 24ª hasta la sexta posición.

Para Ferrari, las cosas ya empezaron torcidas. La puerta del garaje de Felipe Massa se abrió a última hora pero el milagro no fue posible. El brasileño, que había destrozado su Ferrari un par de horas antes, aguardaba nervioso, con el casco puesto, a la espera de que sus mecánicos lograsen un imposible y pudiera disputar la Q1. Reconstruir su F138 para evitar la cola del pelotón. Una misión imposible que le obligó a presenciar desde su guarida una sesión en la que Nico Rosberg volvió a lanzar el grito más potente del sábado. Donde Mercedes volvió a confirmar que son los reyes de la clasificación.

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