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¿Sostenibilidad o Sustentabilidad?

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Aunque la Cumbre de Estocolmo del año setenta y dos sobre el Entorno Humano, postuló un desarrollo que conjugue las prioridades de los países industrializados con la necesidad de salvaguardar la oferta ambiental, acortando las distancias con las naciones subdesarrolladas tecnológicamente; en el mundo del discurso ambiental la palabra sostenibilidad emergió con la publicación de Nuestro Futuro Común (Informe Brundtland) elaborado por la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas en el año ochenta y siete, como preámbulo a la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro en el noventa y dos; en efecto, dicha sostenibilidad apunta hacia la necesidad de buscar un modelo de desarrollo productivista que permita la conservación de la tierra renunciando a consumos inalcanzables para todo el mundo, priorizando el crecimiento económico en los países pobres, con énfasis en un control demográfico. En una visión antropocentrista, este modelo sugiere la subordinación al bienestar humano de los ecosistemas, cuya conservación no implica mantenerlos intactos sino un uso eficiente de estos, para satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las de las futuras para la satisfacción de sus propios requerimientos. Esta denominación es utilizada oficialmente en la comunidad internacional y en la normatividad colombiana. Por su parte, la Comisión Ambiental de Latinoamérica y el Caribe, publicó Nuestra Propia Agenda en el noventa, haciendo un enfoque aterrizado a la realidad de nuestra amerindia, usando la noción de sustentabilidad amenazada por los problemas socioeconómicos, ambientales y nuestra tardía inserción en la revolución científico-tecnológica, que nos imponen el reto de fortalecer la capacidad de negociación con los países industrializados del norte.

Hay quienes afirman, que la sostenibilidad y la sustentabilidad se refieren a procesos que pueden mantenerse sin afectar a las generaciones actuales o futuras, ya que este desarrollo debe perdurar en el tiempo sin mermar los recursos existentes en la actualidad. Sostenible etimológicamente se refiere a “sostener”, que implica que se halla en el ámbito externo o exógeno a un sistema, donde están las políticas de gobierno que proyectan las oportunidades y las amenazas que pueden existir en el exterior de un sistema para mantenerse en el tiempo, donde la utilización de los recursos naturales nos ayuda a producir bienes y servicios energético sin comprometer el medio ambiente de nuestra generación ni de las futuras. Mientras que sustentable corresponde a un sistema endógeno; es decir, a todo lo que tiene que ver con el mantenimiento del sistema hablando de las debilidades y fortalezas que existen en su ámbito interno, por tanto, no precisa una intervención humana, pues sus condiciones económicas, sociales o ambientales le permiten sostenerse de manera autónoma sin afectar los recursos.

Podría pensarse que es sostenible cortar los árboles de un bosque para satisfacer las necesidades de madera y papel de la población, con una posterior reforestación para volver a tener la oferta arbórea, mientras que sería sustentable la realización de una entresaca obtenida de los árboles maduros sin arrasar con todo el bosque para conservar todos los atributos de ese ecosistema, con sus especies vasculares, no vasculares y epífitas, así como la fauna existente que no requiere un ahuyentamiento o desplazamiento.

Sin embargo, los portales de información y la documentación académica, incluso la Real Academia de la Lengua Española, nos llevan a invertir tendenciosamente dichos conceptos, para tratar de definir el desarrollo sostenible, como aquel que puede mantenerse por sí mismo sin que se vean afectados los recursos del planeta y que no precisa una intervención humana o exterior y que podría sostenerse de manera autónoma, atemperándose y disfrazando a un desarrollo sostenible productivista y extractivista.

Las razones para este galimatías estriban en una manipulación, tergiversación y enroque de los términos, pues el orden económico predominante sigue explotando en forma desmedida los recursos naturales, camuflando la contaminación que produce y el desabastecimiento que afectan la renovabilidad y conservación de recursos estratégicos para las generaciones futuras, bajo el prurito del desarrollo sostenible que es la invención del tercer mundo brillantemente explicada por Arturo Escobar o el enverdecimiento de los contaminadores. En todo caso resulta pertinente tener claro la conceptualización y las diferenciaciones, para comprender el contexto y evitar que nos sigan metiendo los dedos a la boca para satanizar propuestas como el ecosocialismo que empezaron su formulación en los años setenta con pensadores y portadores de sueños como André Gorz, Erich Fromm, Augusto Ángel, Orlando Fals-Borda, y Michel Löwy, que se atrevieron a cuestionar la perversa lógica del mercado, la ganancia con su acumulación de capital y el autoritarismo burocrático, o el mismo Gaitán que pidió razonablemente que los ricos lo fueran menos para que los pobres no lo fueran tanto, que incluso tiene nociones en nuestra Constitución Política cuando pregona que debe: garantizarse un orden político económico y social justo; promoverse la prosperidad general y el mejoramiento de la calidad de vida de la población; prevalecer el interés general sobre el particular; priorizarse el gasto social para agua potable, salud, educación y saneamiento básico; y delimitar estatalmente el alcance de la libertad de empresa cuando el interés común lo requiera. Pero la realidad nos recuerda el bello tango de José García que musicalizó Francini y dice “Hoy en día todo es grupo disfrazado de verdad, y una sarta de mentiras ha invadido la ciudad … Camuflaje, apariencias engañosas que no dejan ver las cosas como son en realidad”.

Por Armando Palau Aldana
Cali, junio cinco del dos mil diecinueve.
www.radiomacondo.fm

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