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Reclusión VIP para delincuentes de cuello blanco: ¿hasta cuándo?

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El uso indebido de las instalaciones castrenses como hoteles-cárceles vulgariza la misión institucional de la Policía y del Ejército.

Usar las guarniciones militares como hoteles-cárceles para políticos procesados y condenados, constituye una forma de evadir las responsabilidades penales que deben afrontar quienes violan la Constitución y las leyes. Se trata del otorgamiento ilegítimo de privilegios a delincuentes de cuello blanco, que deberían estar recluidos en una celda, en cumplimiento de su castigo. Tal laxitud, privilegiando a unos pocos, solo refuerza la imagen negativa que los colombianos tienen de la Justicia y hace que cobre sentido la frase “la justicia es para los de ruana”.

Obligar a militares y policías a proteger a delincuentes perfumados, deslegitima al conjunto de las Fuerzas Armadas, pues su función constitucional no está orientada a prestar protección a delincuentes con linaje.

El uso indebido de las instalaciones castrenses como hoteles-cárceles vulgariza la misión institucional de la Policía y del Ejército. Además, expresa la indigna forma como policías y militares deben asumir el sometimiento al poder civil, mediado este por las presiones políticas que deben soportar los oficiales comandantes de batallones o a quienes se les asigne la responsabilidad de atender -a cuerpo de rey- a tan “ilustres” condenados. Presiones que por supuesto tienen que ver con los ascensos de militares y policías. A partir del grado de coronel, todos saben que están en la obligación de establecer buenas relaciones con senadores, muchos de estos amigos de los políticos que pernoctan en instalaciones castrenses pagando sus condenas.

Si ya existe dentro de La Picota el espacio VIP para políticos condenados y procesados por toda suerte de delitos, ¿por qué insistir en usar las unidades militares y de Policía como cómodas celdas para funcionarios indignos, que no solo violaron la ley sino que burlaron la confianza que los ciudadanos depositan en los funcionarios estatales? Más allá de los problemas de seguridad que suelen invocar los abogados de estos inquilinos de cómodas instalaciones militares, lo que se consolida con congresistas y exministros reos de la Justicia es la legitimación de la corrupción de los civiles hacia los uniformados.

Todo lo anterior contribuye a que la opinión pública refuerce sus negativas representaciones sobre las unidades militares y policiales, otrora usadas para torturar presos políticos. De paso, se robustece la imagen negativa que arrastra el aparato de justicia de Colombia.

Solo falta que se publiquen fotografías de soldados, suboficiales u oficiales cumpliendo con los pedidos de los honorables huéspedes a través del tradicional room service. O quizás, a los convictos participando de actividades propias del “orden cerrado”, lo que haría necesario grabar a los uniformados que animan el trote, gritando: ¡Reos… arrrr!

 

 

El Unicornio

Por Germán Ayala Osorio
Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER. Universidad Autónoma de Occidente
www.radiomacondo.fm

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