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No se paren de la mesa, sean serios

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Negociación de la guerra entre el gobierno y el ELN no asume seriedad que requiere el momento político.

Si asumimos la fórmula de “se combate el terrorismo con toda contundencia como si no hubiese negociación de paz, y se negocia como si no hubiese terrorismo” en la negociación con el ELN, deberíamos reconocer al menos:
i) Que dicha táctica se desgastará en los próximos meses debido a las consecuencias de la confrontación sobre la sociedad civil, los desplazamientos de comunidades rurales, la sistemática persecusión a líderes sociales, el consecuente empoderamiento del clan del golfo. Al cabo que es poco presentable para un proceso de paz estos efectos tan poco pacíficos.ii) El ELN viene atacando frontalmente -y particularmente- a la Policía Nacional desde hace tres años, bajo el entendido de que ante una finalización de la guerra de guerrillas, la Policía sería el factor beligerante y de contención directa a los movimientos sociales de protesta y revuelta. Ello, no obstante, les acerca tanto al paramilitarismo, que para la sociedad civil (tanto más en las urbes) sería imposible no asociarles como grupos armados símiles o al menos funcionales entre sí.

iii) El ELN no ha tenido capacidad de fuego para doblegar la moral de las FFMM como sí lo tuvo FARC en su momento (finales de la década de los 90). Pero si reconocemos el nuevo posicionamiento territorial del ELN y su crecimiento a través de alianzas y copamiento de territorios de anterior dominio fariano, así como la reconstrucción y reactivación de algunos frentes, la situación podría jugar a favor del empoderamiento del ELN como “enemigo público del País”, pues es evidente que una formación cuyo carácter es la violencia política, poco le importará aparecer como tal.

iv) La negociación con FARC superó actos como el secuestro del general Alzate o el asesinato a 11 soldados en el Cauca, y ha superado incluso el asesinato sistematico a militantes farianos ya desarmados. Podría, pues, esperarse que la del ELN permita más actos de guerra.

Todo ello, no obstante, ensambla una situación de mayor riesgo debido a las contradicciones tanto del gobierno como del ELN.

Por parte de la formación guerrillera, las contradicciones que asumen no son semejantes a las de la guerra de la pasada década. El haberse presentado siempre como “la guerrilla menos mala” y asumirse ahora como “enemigo público”, les aisla del sentido común de una generación que viene a por la paz y desepcionada frente a la violencia revolucionaria. Además el ELN tienen un atenuente político no sólo debido al ‘cerco mediático’ que siempre ha denunciado esta guerilla, sino por su falta de liderazgo político frente a un proyecto de país más allá de la denuncia de las desigualdades sociales.

El gobierno, por su parte, está sumido en un ciclo de guerra total cuyas conseciencias le llevarán a “morderse su propia cola”. Una táctica como la del gobierno -insisto- se hará insostenible en los próximos meses. No obstante, podría ser suficiente para jugarla como acicate de las elecciones. Es bien conocida la dualidad política de Santos, que le apuesta tanto a la opción bélica como a la paz política. Así jugó en el plebiscito y así hace ahora para las elecciones de marzo. Santos apuesta con toda porque aún tiene chance su proyecto de paz autoritaria sea por un lado o por otro, pues si bien el fortalecimiento de la candidatura de Vargas Lleras es evidente, las elecciones se constituirán como la revancha del plebiscito y cabe esperar mayor participación a favor de un gobierno de paz, que efectivamente no representaría Cambio Radical.

La izquierda y el progresismo hacemos poco si no impulsamos el cese de fuegos como garantía de transformación gradual de la insurgencia armada a partido político, pues ante la terquedad romántica del ELN y su incapacidad para poner la política de paz por sobre la vendetta, la paz que procuramos requeriría del liderazgo que ni el gobierno ni las insurgencias armadas quieren asumir con seriedad.

Hago un llamado a la sensatez política para superar la situación aporética que nos proponen el gobierno y el ELN, pues está en juego no sólo las elecciones de marzo, sino la posibilidad de forjar una plataforma autónoma de oposición política al próximo gobierno.

 

Por Individuo Común
www.radiomacondo.fm

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