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Las mujeres españolas prefieren tener un Smartphone que un hijo

Las mujeres españolas prefieren tener un Smartphone que un hijo - smart

Las mujeres españolas prefieren tener un Smartphone que un hijo.

8 de marzo día internacional de la mujer.

En España el índice de la natalidad se encuentra en uno de los momentos más críticos de la historia. Esta es una verdadera catástrofe de dimensiones estratosféricas que apenas despierta la más mínima preocupación entre las autoridades o los ciudadanos. Sucede algo muy parecido cuando Nerón tocaba la lira mientras ardía Roma. Las parejas no quieren engendrar hijos, no les da la gana procrear pues coarta su libertad. Y la libertad es el máximo valor que defienden las leyes y constituciones. Estamos en una sociedad hedonista donde un hijo es un yugo más que una bendición. La mujer lucha por tener los mismos derechos que los hombres. Si hay generales en los ejércitos también debe haber generalas que ordenen aniquilar a los enemigos.

La mujer moderna se ha emancipado de esas ataduras feudales que la relegaban a ser una esclava. Ahora la que manda es ella y si quieren abortar, aborta sin tener que rendirle cuentas a nadie ¡Qué más da! Un hijo es una carga y más carga cuando son hijos no deseados y encima en el paro. Aunque a estas alturas lo que realmente necesitamos es un milagroso baby boom que nos redima. La mujer europea es una mujer aburguesada que tiene bien claro cuáles son sus prioridades: estudiar, trabajar, tener una casa, un piso y, sobre todo, una buena cuenta corriente que la respalde. La independencia económica es la clave para despojarse de los grilletes de la tutela heteropatriarcal. Porque el macho es su principal rival. La mujer occidental del siglo XXI prefiere las relaciones libres ya sean heterosexuales, bisexuales, lésbicas o polígamas. De nada vale la moral católica puesto que por milenios han sido las víctimas propiciatorias de un Dios misógino que las ha culpabilizado de las tentaciones y los pecados.

La figura del macho alfa se encuentra en franca decadencia, ha perdido su poder ancestral, y está completamente estigmatizado. Por tal motivo la homosexualidad se ha disparado hasta cotas jamás vistas. Y encima el pánico social que provocan las cifras de terrorismo doméstico o las agresiones contra el género femenino – muchas relacionadas con los celos y la perdida autoridad masculina- ponen aún las cosas más tensas y dramáticas- El hombre es el único culpable y sin clemencia debe ser crucificado en el Gólgota. El macho acosador, el macho blasfemo es un violador en potencia que hay que cazar y castrar -según las más fanáticas feministas-

Las mujeres españolas pertenecen hoy mayoritariamente más al ámbito urbano que al mundo rural – Hace 60 años era completamente la contrario dedicándose a las labores propias de la agricultura, la pesca o ganadería- Esas mujeres antiguas embrutecidas por el analfabetismo, de una fortaleza sinigual y que cargadas de hijos tenían que cumplir el doble sacrificio de cuidar un hogar y trabajar en el campo, se han extinguido por completo.

Si en España existen más de 60.000.000 de teléfonos móviles, las mujeres poseen aproximadamente el 55% de éstos -muchas tienen dos o tres aparatos a su servicio- España es un país líder en el número de usuarios de móvil con 88%. Las mujeres son más susceptibles a utilizar las nuevas tecnologías, cautivadas por completo por la era cibernética y la informática. España es el país con más Smartphone por habitante en el mundo. Las mujeres -según los estudios de las encuestadoras- son las que más fácilmente se enganchan a las redes sociales como Facebook, Twitter, WhatsApp, etc., es decir, han caído presas de la propaganda que emite la vil alienación capitalista. El consumismo es mucho más femenino que masculino, según los más connotados sociólogos.

En este año 2018 los muertos van superan a los nacimientos. Pero nadie quiere asumir el reto de plantarle cara a este drama que convierte un país sin niños en un país sin futuro. España de aquí a unas cuantas décadas no será más que un geriátrico desconsolado y decrépito, un erial estéril donde solo brotarán flores marchitas. La natalidad cero precede al apocalipsis. La mujer es la principal responsable de este asunto porque ella es la que procrea los hijos; se embaraza, pare y los cría. Ese es el papel que le ha reservado la naturaleza para garantizar el relevo generacional. Pero han apostado por la anti naturaleza donde los seres humanos se parecen cada vez más a los robots y las máquinas. En todo caso el hombre -gracias a los avances de la ciencia- también puede “parir”. La maternidad subrogada (vientres de alquiler) es una opción para los que tienen una buena cuenta corriente. Una pareja de homosexuales por arte de magia se convierten en padres compitiendo de tú a tú con las féminas.

Es un hecho inobjetable que la mujer moderna emancipada prefiere vivir sola y sin ataduras. Prefiere elegir a quien le apetezca y mantiene relaciones esporádicas sin compromiso alguno. Otras más fundamentalistas deciden adoptar mascotas; un perrito, un gatito o un canario antes que aguantar a un macho cabrío. Se impone el individualismo más atroz propio de una era cibernética que han divinizado. Todos tenemos derecho a la felicidad y esos artilugios electrónicos de última generación son tan sensuales y atractivos que producen una adicción irrefrenable. El Smartphone es el mejor confidente y amante, un objeto que contiene toda nuestra información, que contiene nuestra identidad y hasta nuestra alma. Por eso los consumidores se pasan una media de más de 10 horas diarias masturbando esos falos digitales que les produce un placer cercano al orgasmo.

La mujer se ha hecho insumisa y se niega a obedecer las órdenes del patriarca, a ese macho que la ha sometido y oprimido por los siglos de los siglos. Se acabaron esas imposiciones serviles de cocinar, limpiar, planchar, complacer, embarazarse, parir y criar hijos. Las mujeres españolas ostentan el triste record de la más baja tasa de natalidad del mundo. Hasta el mismísimo Vaticano las supera. Porque la maternidad es una tortura que tan solo trae desvelos, dolores de cabeza, insomnio, deterioro físico y una y mil fatigas –además del coste económico que esto supone. No tiene tiempo para cambiar pañales o calentar el biberón, solo les queda tiempo para contestar los mensajes del Twitter, el WhatsApp o chatear. Si viene algún hijo que sea lo más tarde posible, es decir, cuando parezcan más abuelas que madres. Porque su prioridad es mantenerse eternamente jóvenes y bellas, cuidar la figura, lucir un físico deslumbrante. O sea, Dedicarse más al placer que a la procreación, dedicarse más a la bohemia que a entregar su amor maternal. Hacerse un selfie narcisista antes que asumir un compromiso transformador y revolucionario.

Carlos de Urabá 2018

 

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