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En Honor al Arquitecto

En Honor al Arquitecto - humberto_de_la_calle

Humberto de la Calle. Imagen de Colprensa.

Fue desde ese momento que se convirtió en un arquitecto, pero no un arquitecto cualquiera, el arquitecto que Colombia necesitaba para acabar con un conflicto de más de 5 décadas con esa antigua guerrilla.

Los arquitectos son artistas que proyectan y construyen obras. Algunas obras son grandiosas, otras son buenas, unas más son medianas y, claro, también hay mediocres. Para lograr hacer realidad esas obras, los arquitectos se valen de su formación y de su imaginación. Hoy le quiero rendir un homenaje a los arquitectos, a todos ellos, pero en especial al arquitecto más importante que hemos tenido en varios decenios en Colombia.

Dije que era un arquitecto y, aunque esa no es su formación ni su profesión, no mentí. El arquitecto del que estoy hablando se llama Humberto de la Calle Lombana. Humberto nació en Manzanares, Caldas, el 14 de julio de 1946. Desde muy niño tuvo que huir de su patria chica por culpa de la violencia que se tomó su pueblo. Esa es en parte la razón por la cual él se autodefine como un ‘hijo de la violencia. Es abogado de profesión (PhDen Derecho), fue profesor y decano en la Universidad de Caldas. Desde el año 1982 se ha desempeñado como Registrador Nacional,  Magistrado de la Corte Suprema (1986), consultor de la ONU (1987), Ministro de Gobierno (1990), desde donde lideró la Asamblea Constituyente y mantuvo las relaciones de los constituyentes y el Gobierno; en 1994 se convirtió en vicepresidente de la Nación y en 1996 renunció a ese cargo por diferencias con Ernesto Samper (expresidente), quien había sido incluido en el Proceso 8.000 por los dineros del narcotráfico que ayudaron a financiar su campaña a la Presidencia. En 1996 fue nombrado Embajador en España y en 1998 en el Reino Unido. También trabajó en la OEA.

En el 2012, Humberto de la Calle tomó el trabajo que le convertiría en un héroe para mí. Juan Manuel Santos le nombró Jefe del Equipo Negociador del Gobierno con las FARC. Fue desde ese momento que se convirtió en un arquitecto, pero no un arquitecto cualquiera, el arquitecto que Colombia necesitaba para acabar con un conflicto de más de 5 décadas con esa antigua guerrilla.

Aún recuerdo con nostalgia cuando en junio del 2016 tuve la oportunidad de visitar Cuba: durante uno de nuestros últimos días en la isla, Osmani Pérez, nuestro conductor, nos llevaba por la Calle 6 de La Habana, y nos contaba en dónde se llevaban a cabo las negociaciones. No pude contener mis lágrimas al pensar lo que esas negociaciones podrían significar para el futuro de este país. No sabía yo, en ese momento, lo que ocurriría después con las campañas a favor y en contra del “Acuerdo para una Paz Estable y Duradera”, y mucho menos el triste desenlace que traería para millones de colombianos que el 2 de octubre del 2016 habían ido a las urnas a decirle Sí al acuerdo y No a las Farc. Mucho menos imaginaba lo que haría Santos después de ese memorable día para salirse con la suya, ni lo que Uribe, sus seguidores y las otras personas que se opusieron al acuerdo alegarían, exigirían y después desdeñarían del Acuerdo de La Habana. Pero el resto de la historia ustedes lo saben, así que volveré a hablar de Humberto (como le digo mentalmente porque siento que se puede tener mucha confianza en él) o de don Humberto, como le digo cuando quiero ser excesivamente respetuoso.

Como negociador, Humberto enfrentó múltiples problemas e inconvenientes con las Farc, Santos, la opinión pública, los militares y el país en general. Y me imagino que también muchos problemas personales: sentarse a negociar con gente acostumbrada a asesinar gente, a sembrar el terror y a resolver todo con violencia no puede ser fácil para ciudadano alguno, y menos si esa persona se ha dedicado toda la vida a hablar del diálogo como el método de solución a los conflictos. Pero además de eso, la situación se agravaba porque todos queríamos saber qué estaba pasando en La Habana, todos queríamos estar enterados de las concesiones que haríamos nosotros y harían las Farc para ponerle fin al conflicto, todos queríamos opinar sobre lo que estaba bien y estaba mal. En fin, a todos nos importaba lo que pasaba, y Humberto era el encargado de velar por nuestros intereses y al mismo tiempo ponerse en los zapatos de esos excombatientes que lo único que sabían hacer en la vida era disparar armas y ostentar el poder ganado por la fuerza de la violencia.

La labor era titánica, y me imagino que Humberto pensó en renunciar miles de veces, cualquiera lo hubiese hecho. Me arriesgo a pensar que una de las únicas razones por las cuales no lo hizo es precisamente porque él es ‘un hijo de la violencia’, y como hijo de la violencia entiende que seguir matándonos por los siglos de los siglos sólo conduce a una espiral inagotable de muerte, venganza, dolor y más violencia. Así que no abandonó la más grande responsabilidad que un país le puede otorgar a un ciudadano: ganar la paz para su gente y no permitir que nadie se la arrebate. Eso es un accionar de héroe.

Hace unas semanas me enteré de que no soy el único que piensa que Humberto es un héroe sin capa y espada, pero con un profundo amor por su gente. Alguien que votó No en el Plebiscito me dijo que, aunque había votado así, reconocía la grandeza moral de Humberto de la Calle, un ser humano que nunca abandonó su labor y que nos entregó un acuerdo imperfecto, pero que cumplía a cabalidad con su cometido: desarmar a una guerrilla que estuvo armada por décadas y obligarla a que hiciera política únicamente con las armas de la democracia: la palabra, el argumento, el debate, la ideología y la persuasión. Pero no sólo escuché eso de esa persona, también vi que los colombianos encuestados por Gallup respecto a la imagen de las personalidades políticas del país le entregaban el título del político con mejorimagen favorable (48/100) de Colombia. Sí, su imagen es más favorable que la de Uribe, y eso habla del reconocimiento del público a su indescriptible labor al frente del diálogo con las Farc. 

Por supuesto que no sólo Humberto se debe llevar las loas: muchos países y ciudadanos nacionales y extranjeros han contribuido a que la violencia se haya reducido increíblemente en Colombia. Las cifras son contundentes e irrefutables: El HospitalMilitar dice el número de soldados heridos en combate pasó de 424 en el 2011 a 12 en el 2017, una reducción del 97,1% de los heridos en combate. Ese dato, por sí solo debería ser más que suficiente para habernos sentado a dialogar con las Farc y dar por terminado el horrible conflicto, pero El Acuerdo nos ha dado mucho más: casi 7.000 exguerrilleros dejaron sus armas. La ONU recibió 8.994 fusiles (1,3 armas por desmovilizado); cuando empezó el Diálogo, el conflicto interno nos costaba 3.000 vidas (civiles y militares) al año, en el 2017 esa macabra cifra se redujo a 78 personas, la meta tiene que ser 0, pero la reducción es asombrosa: 97,4% menos muertes, según la Unidad de Víctimas (UV); la cantidad de desplazados también se redujo drásticamente: pasamos de 233.874 víctimas en 2012 a  48.335 (79% menos desplazados), según la UV; el territorio ocupado por las Farc también recibió un gran alivio: de 242 municipios en los que tenían presencia pasaron a estar concentrado en 26 zonas para desarmarse (se fueron del 90% del territorio que ocupaban militarmente); Colombia es el segundo país con más afectados por minas antipersona del mundo (el primero es Afganistán), 770 víctimas en 2012, pasamos a 58 personas mutiladas o heridas por esos destructores artefactos en 2017 (92% menos) y los planes para desminar el territorio continúan.  Claro que también hay aspectos negativos del acuerdo y muchísimas cosas por mejorar e implementar. No lo podemos desconocer, pero la forma más racional de ver estos logros es no pensar en las cifras como números, sino como más hermanos colombianos que pueden compartir con sus padres, hermanos, hijos, primos, parejas. Así es como deberíamos evaluar los resultados de los diálogos de paz. Piensen en los soldados, policías y civiles que iban a morir y ahora pueden pasar sus vacaciones, sus permisos y su vida diaria con las personas que les aman y a quienes aman.  

En Honor al Arquitecto - Reducción-de-muertos-y-heridos-por-el-proceso-de-paz

Reducción de personas heridas en combate 2011-2017. Fuente: HospitalMilitar

 

Pero el impacto va más allá de las vidas que le hemos arrebatado a la brutalidad de la guerra, si bien ese es el mayor logro. En el ámbito económico, a pesar del ambiente de incredulidad que nuestro bajo crecimiento económico ha tenido en los consumidores e inversionistas, la industria del turismo respalda, aún más, la decisión del Gobierno y el trabajo de De la Calle negociando: Durante el primer semestre del 2017, la llegada de turistas extranjeros creció un 46,3%, el crecimiento del turismo internacional en Colombia triplica la tasa de crecimiento mundial de la industria, y con estos resultados, el turismo se convierte en la segunda industria que más divisas genera, tras el petróleo. En el 2016, los ingresos producto de esta actividad fueron de 5.688 millones de dólares, según cifras de ProColombia.

Infortunadamente para Humberto y quienes confiamos en él, la intención de voto no le acompaña, principalmente porque personajes como María Fernanda Cabal y otros buitres que viven del tesoro público le vilipendiaron y crearon en el imaginario colectivo de miles de personas la idea de que él es “el candidato de las Farc”, pero su vida y trayectoria demuestran que eso no puede estar más alejado de la realidad. Precisamente porque no comparte sus ideales con la Farc, es que bravíamente se sentó a negociar con ellos, porque él cree que sus idearios y visiones se derrotan en el campo de las ideas, no en el campo de batalla. Y por otro lado porque el Partido Liberal no le permite zafarse de compromisos y decisiones que poco o nada tienen que ver con su forma de ver la vida. Él es un liberal de verdad, un liberal como pocos, pero su partido no es liberal, no lo ha sido por décadas, y en consecuencia le retienen como a un rehén que no puede liberarse de los grilletes que le han puesto César Gaviria y otros, que han sido capaces incluso de proponer aliarse con un eventual gobierno de  Iván Duque  o Germán Vargas Lleras, quienes se han opuesto constantemente al acuerdo con la guerrilla, uno de los temas que parecen ser inamovibles para el Partido Liberal, como dejó entrever Gaviria en su entrevistacon Yamid Amat.

Juan Manuel Santos está en mora de condecorar con la Orden de Boyacá (Cruz de Boyacá) a uno de nuestros ciudadanos más valientes porque, quieran aceptarlo  o no sus críticos, se necesita muchísima valentía para sentarse y decir: ¡Ya basta de matarnos, hagamos las paces!

Humberto: tú eres un ejemplo para este país y mereces gerenciarlo, pero como eso se ve distante, cumplo con hacerte este sencillo homenaje y decirte: Gracias, muchas gracias, Humberto. Tú eres un héroe para este país y el mundo, y te mereces nuestra admiración, nuestro respeto y nuestro cariño.

De un ciudadano que te agradece y que te estima.

Por Francisc Lozano

Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano

www.radiomacondo.fm

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