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El llamado postconflicto es una Transición Social y Política

El llamado postconflicto es una Transición Social y Política - cielo.-p

Algo se ha avanzado en Colombia en el destape del “oligopolio mediatico contrainsurgente”, con todo su almácigo de politólogos, analistas, opinólogos,  violentólogos, pazólogos y “spin doctors sexis” (tipo Natalia Tocarruncho Springer, o Alfonso Cuellar) con sus formas de guerra psicológica y sentimental, cultural, literaria, jurídica, religiosa y hasta de las llamadas redes sociales, conque a diario intoxican el espectro mediatico y noticioso colombiano y complementan la acción de dominio y hegemonía contrainsurgente imperante en el país desde hace 6 décadas. Lo que me lleva a la  descripción más simple, contundente e insuperable para definir el Estado dada por Gramsci cuando escribió: “Estado= Hegemonía+ Coerción”.

Pero en ese avance positivo, también a buena hora, ha surgido una pléyade de analistas críticos “alternativos” y hasta antagónicos (me incluyo) quienes tratamos de encontrar algunas pistas o elementos críticos objetivos de la cruel lucha de clases que se ha librado en Colombia durante todos estos terribles años bajo el nombre de ”conflicto social y armado interno”, para aportarlos al Pueblo Trabajador con la finalidad de que pueda ir desbrozando el intrincado y complejo camino hacia una Colombia en Paz con democracia, justicia social y soberanía, es decir hacia una nueva Colombia.

Sin embargo, este pequeño proceso de esclarecimiento tampoco es unilineal, ni siempre feliz. Hay diversos matices, intereses y múltiples grados de comprensión de la realidad objetiva a la hora de realizar el leninista “análisis concreto de la situación concreta” de Colombia que dificultan y traban el caminado.

La primera y gran limitación es el peso de la centenaria  tradición parroquial y pre-moderna dominante que durante siglos ha obligado a los intelectuales críticos (ojo digo críticos) colombianos a no ver más allá de los límites de su parroquia. A no analizar objetivamente (a pesar de los siglos que lleva el proceso de globalización capitalista descrito en 1848 en el Manifiesto Comunista) a no analizar, o mejor, a ignorar la inserción de nuestro país en el mundo capitalista moderno.

A rechazar la modernidad capitalista mirándose el ombligo, centrando todo en espulgar hasta el hartazgo los elementos internos del acontecer social sin encontrar su conexión global que lo sobre determina. Por eso la genialidad de García Márquez para superar tal asfixia, fue embellecer su parroquia para volverla global o mundial al extremo de que nadie en ningún lugar del mundo se sienta ajeno en Macondo.

Y como un ejemplo de tal parroquialismo, hoy varios “intelectuales críticos” colombianos analizan el llamado del Presidente Santos a un “plebiscito” para refrendar los acuerdos que surjan en el proceso de paz de la Habana, como un asunto puramente de reglas electorales que el terror Uribista puede ganar y,  ¿si eso sucede, oh, quien podrá defendernos?

No entienden o velan el hecho de que al firmarse los acuerdos de la Habana, se ingresa definitivamente o se entra de manera plena en un  Proceso de Transición Social y Política, que tímidamente ya se está anunciando, hacia una nueva situación social abierta en disputa, que nadie puede controlar cien por ciento (ojo, digo nadie) ni el Bloque de Poder Contrainsurgente (BPCi) con sus 10 ruedas dentadas (incluida la Oligarquía con todas sus fracciones en disputa de Santos, AUV o Vargas Lleras y el eje de acero de los EEUU sobre las que giran), ni las Insurgencias, ni el Pueblo Trabajador dominado e inmovilizado en la “gesta” electoral,  y que solo se definirá con la movilización social y popular. Por esto no era descabellado decir hace unos años que la llave de la paz no estaba en el bolsillo de JM Santos, sino en las manos del Pueblo movilizado.

Y este control o seguridad es el que JM Santos está tratando de asegurar y blindar mediante un Plebiscito, es decir unas elecciones cuyos procedimientos él y su clase social conocen a las mil maravillas, para evitar la Participación y Movilización Popular activa y protagónica en dicho proceso de refrendación en una Asamblea Constituyente Amplia, Popular y Democrática, al dársele voz y voto para definir su futuro a los sindicatos, las organizaciones indígenas, campesinas, de negritudes, artesanales y de género, ect, como la que proponen las FARC. Todo menos un utópico “consenso”, pensado por algún maoísta caucano trasnochado.

Es decir, estamos ante la reafirmación de la vieja-nueva concepción oligárquica de “enfrentar” elecciones contra movilización y participación popular: He ahí el meollo del asunto de la Transición actual en Colombia:

El Bloque de Poder Contrainsurgente (BPCi) quiere mantener  y prolongar intactos sus mecanismos de Hegemonía, Olvido Histórico, Pactos de Silencio y ocultamiento de la Verdad + obviamente los mecanismos de Coerción y fuerza física oficial y paraoficial; contra los intentos populares y democráticos por avanzar en un proceso social y político hacia una paz democrática con justicia social, antagónica del neo liberalismo autoritario y militarista imperante.

El segundo aspecto objetivo que se vela o ignora es, el carácter de la actual crisis capitalista global o mundial en la cual, quiérase o no, está inmersa la economía colombiana, y se está resolviendo mediante la Guerra (con mayúscula), las emigraciones bíblicas hacia el paraíso centro-europeo y una nueva configuración territorial entre la triada de potencias capitalistas actuales (EEUU+Europa+Japon) y las potencias capitalistas emergentes que piden un lugar sobre la tierra para explotar como Rusia, China, Brasil, Irán o Suráfrica, y que en nuestro país ha puesto al descubierto la misma paradoja que señalaba el jefe Falangista Laureano Gómez en la crisis de 1930: Paz en Colombia pero, guerra, guerra en Venezuela y en el alejado mundo Musulmán.

De manera pues que lo que se está definiendo con el mecanismo de refrendación propuesto por JM Santos con un Plebiscito, no es como lo dice el augur Liberal Hernando Gómez Buen día (El Espectador 28.11.2015) un asunto truculento de odio y rechazo a las Farc, tan largamente cultivado por los contrainsurgentes, sino un asunto social, económico, político e ideológico más complejo y dinámico de lo que se piensa y que tiene que ver con el futuro de nuestro país dentro del mundo globalizado, y, en Crisis.

 

Por: Alberto Pinzón Sánchez

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