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El gallo de lata y el momento actual en Colombia

El gallo de lata y el momento actual en Colombia - migeneral-nicacio

Gallo de lata, así se denomina en el habla de mi región a las veletas. Casi todas hechas sobre un latón gris descolorido que tienen el perfil de un gallo criollo cantando, el cual gira y gira sin cesar movido por el viento, indicando con su pico abierto, la necesidad practica que se tiene en esas tierras de saber la dirección del viento y su fuerza, de acuerdo con la velocidad con que gira la silueta cortada del gallo.

Hoy, después de la cínica inclusión del sub presidente Duque en Cartagena, a la marcha popular masiva del reciente 26 de julio contra el genocidio contrainsurgente de líderes sociales y reinsertados guerrilleros en curso, así como de conocer apartes del “emotivo” discurso anti imperialista del líder y parlamentario de las Farc-Rosa C.A Losada, alias Gallo, en el foro de Sao Paulo realizado en Caracas, otra utilidad es posible asociarles a esa noble y útil figura avícola: La del político colombiano, independiente de su orientación política:

Muy bien trajeados, sin cabellos (¿pelos?) excesivos, acicalados o perfumados, con una sonrisa atractiva que no muestre demasiado el canino derecho y un traje adecuado a cada ocasión, suspiran enamorados de sí mismos, mirando el imán del micrófono-lente de las cámaras, ante “un público” ansioso por escucharlos, abren el maletín (¿portafolio?) bien organizado en diferentes carpetas y extraen el discurso “adecuado” también a cada ocasión, que recuerda aquella frase de del comediante Groucho Marx: “Si no te gustan estos principios, tengo otros”. Déjeme busco en mi maletín, la carpeta correcta para hoy.

 También pueden traer a la desmemoria generalizada de crímenes de guerra y violaciones sexuales (¿contranatura?) masivas, quizás aquella simple estrategia mimética del ladrón que al verse sorprendido “in massa”, señala con el índice y grita con voz estruendosa para ser creíble: “Allá va. Cojan al ladrón”.

 Algunas veces, alguien no tan desmemoriado recuerda y contrarréplica y le grita al bien peinado ¡Asesino! Quien es expulsado airadamente de la marcha de las víctimas como un victimario. En otros casos, la línea correcta del lado correcto de la historia no aconseja (¿permite?) señalar el lugar vacío, o falso, o truculento de la consigna antimperialista en un recinto internacional, así como explicarse el apoyo sonriente de amigo subordinado (en nombre de la bancada de la paz) del antimperialista rasurado en el congreso colombiano, a nombre de la bancada de la paz, ofreciendo, una rosa deshojada, al ascenso y permanencia en la comandancia en ese manzanar corrompido e inmoral del Ejército USA-colombiano, al cuestionado (y comprobado) jefe de los neo-falsos-positivos-oficiales de la actual contrainsurgencia genocida en marcha; mi-general-Nicacio Martínez. https://periodicoeljurista.com.co/politica/aprueban-ascenso-del-general-nicacio-martinez/ Entonces, solo queda el recurso de verter el desconcierto en un artículo en la web, de antemano condenado al silencio y a ser barrido por el viento que mueve la veleta.

 El rescoldo que yace cubierto por las cenizas de la desmemoria y que también con el viento algunas veces hace saltar una que otra chispita luminiscente, hace que la quemadura de la impostura a la dignidad de las victimas y la impunidad de los victimarios del Estado, acicatee y empuje a mover la cabeza silenciosamente. ¡No puede ser!

Claro que el ex vicepresidente De la Calle tiene razón en su columna de hoy (28.07.2019) en el Espectador, al comentar el reciente libro de Wiliam Ospina sobre e los fermentos profundos que llevaron a los sectarizados y divididos colombianos a la carnicería de la “violencia bipartidista” del medio siglo XX, que produjo millones de víctimas y su ocultamiento; no solo en el pacto oligárquico-imperial profundamente anticomunista de Laureano y Lleras Camargo de Benidorm y Sitges, sino en el monstruoso engendro del régimen institucional contrainsurgente de la “restauración reaccionaria y conservadora del frente nacional ”(revolución pasiva de Gramsci) por ellos montada; al extremo que diez años después de la dictadura sangrienta y terrorista del “a sangre y fuego” del falangista conservador Laureano Gómez, esto era olvidado completamente. Todas sus 300 mil víctimas asesinadas y sus dolientes, burladas e invisibles. Ningún victimario Estatal y Laureano, por aquello de los movimientos del viento sobre el gallo de lata, era convertido en el “gran demócrata” que ordenó el derrocamiento de “Gurropin” el 10 de mayo de 1957, y así, como gran restaurado, rehabilitado y como jefe del “democrático parlamento colombiano” (a semejanza de cualquier Macías) pudo poner la banda presidencial al demócrata pro-estadounidense Lleras Camargo, para que se iniciaran los preparativos organizativos de la misión en Colombia del general US Army William P. Yarborough en 1960 y se planeara la agresión a Marquetalia y contra las imaginarias republicas comunistas de 48 campesinos andinos.

En lo que NO tiene razón el ex vicepresidente de Samper y ex negociador de paz de Gaviria,  y de JM Santos, es Primero, en su visión leguleya o escolástica de pasar por alto que toda “victima” tiene su contrario dialectico: El victimario. Y que por más años que pasen y por mucha amnesia inducida desde la falsimedia sobre los victimarios, o por muy fuerte e impenetrable que sea el blindaje institucional con que se han recubierto, tarde o temprano las verdades flotarán, en ese mar excremental.

Segundo. Tampoco tiene razón De la Calle, en obviar aquella sentencia del viejo Marx, de que “el Hombre piensa como vive y NO, al contrario”. Es decir que por más que se pretenda convertir el Acuerdo de la Habana en una leguleyada, en un asunto jurídico o supraestructural sobre el “relato de la verdad y sus víctimas, etc”; el Acuerdo de la Habana, el que con tanta diligencia contribuyó a embaucar, siempre tendrá el rescoldo de su componente estructural de trasformaciones reales concretas. De modificaciones estructurales, por ejemplo, en la tenencia de la tierra, o sobre el complejo y abigarrado el asunto agrario y su relación con el cultivo de “maticas de cocaína” como lo dijera AUV. Y que mientras esto tenga vigencia habrá lucha social y política para que estas trasformaciones profundas se cumplan. Eso es lo que alguien llama la actividad callada, silenciosa (¿clandestina?) del viejo topo de la Historia.

 Así las cosas. El viento que mueve los gallos de lata sopla inmisericorde por arriba. Mientras que el viejo Topo de la historia sigue hozando también irreversiblemente, por abajo. Esa es la gran contradicción que esta moviendo las cosas en Colombia, y a ello, debemos atenernos:

Estamos con el Acuerdo de la Habana, el firmado en 2016 y que reposa en organismos internacionales, sin perfidias, ni conejos. ¡No hay duda sobre ello!  Las veletas no nos pueden tildar de guerreristas. Estamos por las trasformaciones tanto supraestructurales de lo acordado, como primordialmente, sobre las reformas de la parte estructural pactadas, y su pronta y eficiente ejecución o realización. Así mismo, estamos por la Solución Política (con todo lo que este concepto amplio implica) con todas las organizaciones de la Movilización Social y Popular que a raíz de los incumplimientos, traiciones, muertes y perfidias han continuado su lucha de resistencia en este periodo de post-acuerdos (no post conflicto con la danza millonaria del ministerio Santista del mismo nombre) por las trasformaciones tanto estructurales reales como las supraestructurales e institucionales, que están pendientes y siguen pendientes en Colombia.

No hay nada nuevo en esto. Tal vez lo nuevo sea en que hay que poner más atención a lo que viene hozando el viejo Topo bajo la tierra, que a los movimientos aparentemente sin sentido que está produciendo el viento de las alturas en los descoloridos gallos de lata, que “pretenden” dirigir la política verdadera en Colombia. A la tierra debemos atender, sin distracciones.

Fuente imagen internet

Por Alberto Pinzón Sánchez
www.radiomacondo.fm

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