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Debates presidenciales son lejanos a la matanza de líderes sociales

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Nuestra lucha es madera mojada que no se quema.

Con qué decepción puede observarse cómo los debates por la presidencia contienen una lejanía tan fría frente a la matanza de líderes sociales en Colombia. Una patria que elogia a políticos a sueldo e ignora a los políticos de base y sin sueldo, es una patria que no merece llamarse patria ni mucho menos matria.

¿Por qué no es prioritario? ¿Qué conduce a considerar el asesinato de los campesinos como una tenebrosa parte del paisaje? ¿Por qué la muerte del humilde simplemente es un bajo titular? Pero, sobre todo, ¿por qué el asesinato del humilde que lucha por humildes ni siquiera constituye una quimera capaz de inspirar al intelectual más crítico o revolucionario?

¿Por qué tampoco es prioritario para los medios masivos y corporativos con sus shows en horario triple A? Sencillamente porque la muerte del humilde, la muerte del campesino contiene demasiada sombra para ser vendida, en la existencia campesina parece que todo es una herida, la sangre no coagula, y no se encuentra limpio, por eso ni su muerte vende.

¿Por qué en las redes ni siquiera es tendencia al asesinato de nuestra gente? Porque las luchas en el campo tienen sombra, las pasiones agonizan en las redes sociales, que convierten los discursos en plástico. Tanto que se lucha y al pasar se olvida, para qué pensar en las redes si su función es el olvido.

Parece que hoy en Colombia el asesinato de líderes sociales campesinos no es importante para muchas personas, porque ya sabemos que las ciudades, son precisamente el lugar donde viven muchas personas. El campo y su soledad, el campo y sus mañanitas ordeñadas, el campo y su extrema violencia que impregna de hipocresía el paisaje apacible y convence a los incrédulos cuando pedimos ayuda ¡Nos están matando! ¡Nos están matando!

La muerte de campesinos no es prioritaria en una sociedad que ya ni doble moral tiene, una sociedad que desprecia aquello que no tiene cerca, que ignora lo que no le empacan para ser consumido fácil y rápido, una sociedad con un único sentido común, donde una sola moral y una cultura se impone: la neoliberal. Es esa sociedad de mercado que aleja la posibilidad de madurar en una sociedad democrática, es un fruto al piso, que se pudre como los cuerpos ignorados por todos y cada uno de los candidatos a la presidencia de Colombia.

El asesinato sistemático podría ser una fuente de angustiosas decepciones, y aún así esto parece una guerra de balas contra convicciones, de mentiras contra ilusiones, de ignorancia contra vidas dedicadas a la lucha social. Los fantasmas de un tiempo pasado asaltan la cordura y parecen infinitos, allí en el campo, donde el tiempo no es espera, sino que es la vida misma. ¡Nos están matando! ¡Nos están estando!

Ni modo de llamar a los mecanismos internacionales para que sancionen a Colombia o para que denuncien a los gobiernos, a este y al que llegue, por ignorarnos tanto, por la grosería de hablar de líos de faldas, por la indolencia de no ser el tema principal en el debate. Por nuestra parte, Prometamos no olvidar, prometamos reivindicar, prometamos que no traicionaremos, prometamos que no abandonaremos esta lucha, pues en estos tiempos que quieren llamarnos al miedo, hacia el campo el alma seguirá arriba, ante su pálida violencia, su gélida manera de ignorar nuestra tragedia imponemos la dialéctica de nuestra vida porque nuestra obra y la vida que nos queda es madera mojada que no se quema.

Tendremos que endulzar las horas futuras, esa amargura que pretende hacer de la muerte parte del paisaje, perecerá en el trapiche de nuestras luchas, en la voz que transmitimos a las generaciones más jóvenes para que deduzcan y no simplemente crean; en la tarea de escribirnos una letra, para que nuestros muertos sepan que los viejos gritos de batalla siguen vivos y aun huelen a flores, no de esas que se ponen en los cementerios, sino de aquellas que siguen creciendo libres y resistentes a cualquier clima, climas como los que aguardan los paisajes del campo colombiano.

Johan Mendoza Torres
Prensa Rural
www.radiomacondo.fm

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