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CARTA AL CONSEJO NACIONAL DE LOS COMUNES Cárcel la Picota. Agosto 28 de 2018

CARTA AL  CONSEJO NACIONAL DE LOS COMUNES Cárcel la Picota. Agosto 28 de 2018 - JesusSantrichcolprensa

COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS DE LA FARC

Camaradas, un abrazo revolucionario, marulandista y bolivariano.

Es evidente que cada día el Acuerdo de paz de la Habana se incumple más y más, y se destruye entre las garras de una institucionalidad que viene actuando en contravía de lo pactado, desde mucho antes de la firma del Teatro Colón.

No doy detalles que expliquen esta afirmación referida a una perfidia configurada, porque son demasiado evidentes sus componentes y, seguro, mi situación actual de presidio no permite que yo pueda tener más conocimientos que ustedes.

Si queremos un ejemplo, entre lo más reciente está la manera grotesca como han pasado por encima de su misma Constitución para acomodar más la impunidad que existe en torno a terceros, agentes del Estado y militares…. y el intento de quitarle a la JEP posibilidades probatorias en los casos de extradición, etc con lo que van materializando todo un entramado de adversidades, Ley Estatutaria incluida, con que pretenden ahorcarnos.

El asunto fundamental de mi nota, ad portas de la realización -por fin- del Consejo Nacional de los Comunes, es llamar la atención sobre el rumbo que frente a esta realidad que era previsible y que fue prevista desde tiempos de las conversaciones de la Habana, debemos darle a nuestra organización, criticando constructivamente las deficiencias y los errores para superar y avanzar.

Pienso, eso si, que mas allá de lo que se hubiese cometido como error, a una profunda crisis nos ha conducido el abandono de principios y enseñanzas esenciales de nuestros fundadores. Entre ellos, a lineamientos leninistas de organización que priorizan al militante y la militancia, la atención del centralismo democrático, al igual que la Dirección Colectiva. Reflejo de ello es, precisamente, la demora en convocar al Consejo Nacional de los Comunes, su casi nula consulta, y por ende a las bases a las que representa, muchas de las cuales se han dispersado, se han marginado e incluso han renunciado, sin que ello produzca todavía una alerta interna. No se hasta donde la atención de otros asuntos importantes esté absorbiendo el tiempo, pero que más importantes que la estructura interna y nuestra gente.

Ojalá ahora no nos estemos engolosinando con unas pocas curules de permanencia incierta, aunque claro afirmo que es importante su atención, siempre que no se descuide el Partido y se tenga el horizonte claro de que la actividad en este campo, debe planearse para que sirva al desarrollo de la conciencia de las masas; en términos leninistas, para “elevar su nivel político, organizarlas, no en nombre de la placidez filistea, no en nombre de la “tranquilidad”, del “orden” y de la “prosperidad pacifica” (burguesa), sino en nombre de la lucha por lograr la plena emancipación del trabajo, de toda explotación y opresión” (VI LENIN).

No podemos seguir con el infortunio de parecer que nos conjugamos políticamente en las nebulosas de la conciliación y el reformismo, sin impulsar con determinación un Programa Alternativo que contribuya a cohesionar la luchas sociales que impacten en beneficio de las transformaciones estructurales, lo cual se supone era el propósito nodal delos Acuerdos de Paz, sin quedarnos empantanados en un objetivo, también burlado, de reincorporación.

Ya he dicho, y no esta demás repetirlo para tomarlo en cuenta como experiencia para las acciones futuras, que el Acuerdo de La Habana tiene la “falla estructural de origen” que es el haber firmado la “dejación” (entrega) de las armas antes de haber al menos dejado bien en claro el procedimiento garantizado de la reincorporación y otros mínimos. Pero además se hizo marcándole un apresuramiento inexplicable, aparte de inconsulto con las bases y contrario a los fundamentos históricos farianos, o también lo más elemental que estaba entre las coordenadas de las conversaciones, y es aquello de que el punto 3 de la Agenda se negociaría de manera “integral y simultanea”. Lo cual no ocurrió y causó la mencionada falla estructural de origen, que significo la firma del desarme sobre la endeble base de las promesas sin sustento fáctico.

Ya en el momento de su materialización, que a finales de junio cumplió un año, el Gobierno acentuó su arrogancia e incumplimientos:

La sola firma del desarme nos restó de manera sensible, capacidad de negociación. El Gobierno endureció sus posturas mezquinas. Desde el momento de la pre concentración en que quedó consumada la desarticulación del despliegue estratégico de la fuerza insurgente se acrecentó la prepotencia del régimen. Con la salida de los contenedores de las armas el conjunto de la institucionalidad evidenció la determinación y la confabulación para que no avanzara lo mínimo esencial de lo acordado.

En la humillante transición hacia la paz “las contradicciones más trascendentales y de peso entre las facciones del Bloque del Poder Dominante no se han presentado porque salga o no adelante un proceso de paz cuya esencia era el desarme de la insurgencia, sino en torno al liderazgo que se tenga en la continuidad del modelo económico neoliberal.

Todas las facciones están complacidas con el desarme de las FARC; desarme barato diría Santos. El argumento de la entrega del país a esta guerrilla solo es una ficción, que sirve a los más extremistas para continuar la demonización y la destrucción del proyecto político, y de paso se sigue lesionando la posibilidad de una paz cierta.

Decir estas verdades no puede entenderse como que el que lo expresa está por la continuidad de la confrontación y el desangre que a quienes más afecta es a las pobrerías. Decir que el acuerdo ha sido incumplido no significa decir que no haya tenido consecuencias históricas, buenas o malas, eso es otra discusión, ni que el cumplimiento leal de los compromisos por solo una de las partes permita ignorar los incumplimientos de la otra. Es penoso el argumento de que señalar los fracasos del acuerdo signifique promover el retorno a una confrontación armada ya finalizada. La rueda de la historia no se detiene, esa comprensión lineal, de la historia y de la política es anti dialéctica, además de voluntarista, pues lo hechos existen allí, objetivos, independientemente de cómo añoremos interpretarlos. Pero tampoco podemos sumirnos en estado de resignación. No puede ser, además, que para que no nos aislé la derechizada matriz mediática terminemos subordinados, atados de pies, lengua y manos a la “moderación” del comportamiento y la “edulcoración” del lenguaje, so pena de estigmatización o demonización interna y externa.

Urge mantener la rebeldía, la coherencia ideológica, la cohesión política y enfatizar en el accionar rebelde insistiendo en crear condiciones para que no decaiga el movimiento real, derrotar la perfidia y abrirle camino a la verdadera paz, que es aquella en la que germina la justicia social.

Debemos emprender sin mas demoras medidas para recomponer nuestro liderazgo político como parte del movimiento popular, sobre todo desde los territorios, resistiendo al neoliberalismo, pero también forjando la alternativa política de la que tanto hemos hablado, pero de la que tanto nos hemos alejado. Y esto, hacerlo con un horizonte ético y político que no permita dudas en lo que respecta a las formas y vías para la conquista de la meta.

No necesitamos más evidencia para constatar la perfidia del régimen contra nuestra voluntad de paz, y por eso no podemos admitir ninguna actitud melosa con los representantes del establecimiento, ni asomo alguno de argumentos o posturas justificatorias de las humillaciones de que hemos sido objeto y la burla a la que han sometido a quienes soñaron y sueñan con la Colombia Nueva. Claramente tenemos que rechazar y enfrentar la continuación del sometimiento.

Si no rectificamos ya, estaremos persistiendo en marchar de manera terca y malsana, por un camino que nos estaría conduciendo a una irreversible derrota estratégica. Necesidad de primer orden es realizar el seminario programático y definir un plan de emergencia de reconstrucción interna y de acción de masas, dando tareas concretas a los integrantes del Consejo Nacional de los Comunes y de las Direcciones intermedias, respetando sus dinámicas y construcciones.

Camaradas, nos está negado no intentar al menos “tomar el cielo por asalto”. Para mi caso y circunstancia, mi compromiso con los principios de origen es inquebrantable, y el de mantener en alto la bandera de la dignidad; mucho más, con el juramento de triunfar o morir en esta batalla.

 

Con profundo sentimiento revolucionario,

SANTRICH
¡Juramos vencer y Venceremos!
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