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Tirando Carretera al mar y pensando el Futuro de la Memoria

Entre el 8 y 12 de agosto, una marejada de experiencias, acciones y prácticas artísticas, convocadas con el mantra de Carretera al mar, tejieron redes de resistencia en los ecosistemas culturales de Buenaventura y Cali, mixturando la imaginación propia del hacer artístico, con la práctica política de la democracia directa, y las cosmovisiones espirituales de las comunidades ancestrales. Efluvios por el delta sinuoso de un encuentro convocado por el Museo la Tertulia y el Goethe Institu. ¡Vamos pueblo Carajo!

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                                                                 Advertencia

“La carretera al mar nos remite la idea moderna de futuro pensada desde la noción de desarrollo, y nos invita a repensar nuestra posición en un contexto donde son claros muchos de los fracasos de esa forma de asumir nuestra forma de habitar. Esta vía- que ha sido también trocha, río camino de carretas, ferrocarril y autopista- refiere a las lógicas coloniales y tiene que ver con la idea de modernidad como construcción de infraestructura y lucha por el dominio del territorio en lugares de una geografía muy compleja

Cali y Buenaventura forman un par que evidencia las contradicciones de la modernidad en nuestros países latinoamericanos. Dos ciudades donde están muy presentes las consecuencias de siglos de esclavitud en particular, en los modos en que se han traducido distintas dinámicas de explotación en el contexto capitalista, generando un racismo estructural que marca la región “. Museo la Tertulia, Fragmento texto de presentación de la exposición fotográfica “El Otro lado de la Memoria “         

                                  

                                                      Polaroid Instrospectiva             

Agosto. Trópico Buziraco. Mixtura de selva urbana y palenque citadino. El Futuro de la Memoria. Poéticas de memoria y olvido en América del Sur. A lo mejor está en la calle, y es el viento que cruza los farallones de frentes armados. A lo mejor es una guerra absurda. Un tsunami agobiante de conflictos. A lo mejor es una fiebre de muerte, que se cruza por mí camino, y debo gambetear un delta depresivo de emociones, donde thánatos degolla indigentes en la calle quinta, seduce a parceros en momentos de crisis, confusión y aturdimiento existencial, una pulsión que silencia los conocimientos ancestrales de marimberos del Pacífico sur, a cientos de líderes y lideresas sociales que alimentan la cartografía del horror en Colombia, cuya historia violenta se desperdiga a borbotones en una orgía de masacre y carnaval.

Calicalentura. Ciudad suicida y región caníbal no quiero volverte a ver, no deseo revisitar desoladores paisajes introspectivos, siempre que evoco las ausencias y desapariciones de mujeres y hombres, ancianos, jóvenes y niños que soñaron otros mundos posibles. El cuerpo se permea de las vibraciones fúnebres que se filtran por el agua contaminada que fluye por los ríos, y se nutre de la velocidad agresiva de los carros, de las canecas grises de la basura,  y tantos chorros callejeros, vinchas de bazuco, bolsas de texter, y sueños rotos de zombies que inhalan pegante mientras el sol nos devora sin misericordia, y por las noches desfilan los rostros inmutables de la gente con su cerebro frito por el reality de moda que escupe la televisión.

Hay que pararse duro, y seguir inventando escenarios para entrenar las luchas del pueblo, como la invitación hecha por el colectivo Caldo de Cultivo convirtiendo durante dos días el coliseo El Pueblo en un Ágora-Coliseo, una asamblea mental y física de habilidades políticas y deportivas como el flow del hip hop, la destreza del parkour, la potencia del boxeo, la sororidad de las mujeres en su constelación de rutas afro diaspóricas que aterrorizan el patriarcado, en el camino recorrido por las organizaciones sociales, campesinas, negras e indígenas contra el modelo implacable del neoliberalismo.

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El Culto a los espíritus de los ancestros/ Territorios en Vela

 

Uno no quiere ahogarse en la oscuridad de esta falsa democracia, y busca alguna luz brillante y feroz, que oriente los caminos, los abra y los sacuda en este domingo que huele a litoral urbano. Sigo la bitácora de Carretera al mar y salgo rumbo a la tertulia a participar en una acción colaborativa artística de duelo por los líderes sociales asesinados. 9 horas para alabar, cantar, contar, llorar y recordar nuestros pacíficos muertos, dice la sinopsis elaborada por Mauricio Prieto, el artista provocador del encuentro, allí en el espacio público de las élites, vendedores ambulantes  y transeúntes.

Me vuelvo surfista, danzante subjetivo a ritmo de alabao y maracuviche curao en los territorios en vela, y conozco a José Roberto Rivas, un sabedor rezandero, hacedor de tumbas, cantaor del Medio San Juan (Chocó), quien dirige el levantamiento de tumba, y me cuenta, que se está juntando la familia tras observar los rostros prietos de Pradera, Timbiquí, Tumaco, Buenaventura, Cuba y Cali, y como en el pacífico colombiano los muertos se cantan, se lloran y se velorean. Ya no como antes, porque ahora hay muchos muertos matados.

Miro el cielo, juego dominó, prendo velas y aplaudo la digna rebeldía de las cantaoras de Integración Pacífica, lideradas por la timbiquireña Elena Hinestroza,  y siento que a lo mejor es una telaraña de milenarios cantos raizales, donde todxs somos Quilombo. África. América. Améfrika. Diáspora. Malungaje. Mestizaje. Mixtura. Mulataje. Sabor. Danza. Como una experiencia ritual y mística donde la expresión musical cantada, en los ritos mortuorios se afirma el derecho a la construcción propia de la espiritualidad y se promueve el encuentro familiar y comunitario.

Ese es el sentido profundo del ritual, es delirante y racional en su sincretismo, es empírico e imaginador, es poético y palabrero, es lúdico y trabajador; tiene las virtudes de la fiesta, que se manifiesta como el rito, como el afecto y la magia hasta alcanzar a ser supersticioso y mítico. Habla desde el fervor popular y de ahí la alta valoración que hay que darle al velorio como una nueva oportunidad para resignificar las culturas diversas del litoral recóndito en un eterno diálogo con los mundos espirituales que nos habitan. La vida está en el camino, a lo mejor es rebelión y se está tejiendo. Pacífico Sur. Veaaanveeeeeeeeee !!!!!

Bonus track/ Vox Populli

¿Qué será la memoria ?: un mar, un lago, un desierto; ? ¿Qué serán los recuerdos ?: Un río, un arroyo, un manantial. Y lo qué salga dónde lo pongo, a quién se lo confío.

Roberto Burgos Cantor. Extracto de la novela “Ver lo que veo”.

 

Por El Zudaca, Nómada urbano y selektar del colectivo Satélite Sursystem

www.radiomacondo.fm

 

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