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Juntanza de palabras con malicia y enjundia para narrar la pandemia

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Jenny Valencia Alzate

El pasado mes de abril, la Secretaría de Cultura de Cali organizó el concurso “Letras Confinadas”, relatos de amor, esperanza y solidaridad en tiempos de cuidado frente al Coronavirus, donde la escritora, cronista y docente de Literatura, Jenny Valencia Alzate, fue elegida como una de las ganadoras de esta convocatoria de la Red de Bibliotecas Públicas, y el apoyo de la Unión Sindical de Emcali. La autora de “El diablo del barrio Obrero y otros cuentos de terror”, reflexiona desde la no ficción sobre este momento distópico del planeta que ha inaugurado una nueva era en el planeta trampa.

 

La literatura y el periodismo narrativo, trenzado con la magia del África hechicera y el poder de nuestra América chamánica, son lenguajes fundamentales para  Jenny Valencia Alzate, donde su escritura siempre propone diálogos entre los caminos ancestrales recorridos, selvas, macizos, montañas, arroyos, la serpiente del río mar amazonas, con las arterias urbanas del calicalabozo caicediano, que nutren su trashumancia literaria desde hace más de 15 años  que decidió  incursionar en los universos ficcionales del cuento, y también estudiar literatura en la Universidad del Valle y habitar como lectora las bibliotecas públicas de la ciudad.

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Luego fue seducida por el taller de periodismo de La Palabra y descubre las poderosas herreamientas de la crónica, entregándose con desmesura a la galaxia del malungaje, que habitan las comunidades originarias, afrodescendientes, negras, palenqueras y raizales, al tiempo que su obra empieza a ser reconocida en distintos concursos literarios universitarios, internacionales, municipales y nacionales de cuento.

 

Ahora ejerce la docencia, motivando a sus estudiantes a conocer las periferias de la ciudad y los cantos de bogas, experimenta la poesía con el rap, y espera publicar en este segundo semestre un nuevo libro de cuentos donde Buzirako es adorado por los fanáticos del América, se manifiesta en el frenético baile salsero, y los santeros nos recuerdan el poder de Changó en este trópico.  Malicia enjundia le llaman en la lleca y en las barricadas literarias, aquí en diálogo con Radio Macondo, nos cuenta porque sigue embrujando con mucho flow a su querida especie lectora, con el paisaje narrativo deAdentro y afuera : Crónica subjetiva de un natalicio en cuarentena“.

https://www.facebook.com/watch/?v=259355215427574

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Radio Macondo: En la estructura autobiográfica de la crónica, hay una mezcla de géneros como el perfil, el escenario de vida. Cuéntanos un poco ¿cómo concebiste la arquitectura del texto? que es toda una declaración de principios desde el mismo título, frente al virus que es un espejo  que evidencia realmente el tipo de sociedad en la cual sobrevivimos.

Jenny Valencia: Jamás pensé escribir sobre la pandemia, pero tuve la sensación de sofoco, desespero y miedo, y tuve que hacerlo porque escribo para entender y soportar el mundo.   Llevaba varios años evadiendo un encuentro conmigo desde el encierro en casa, siempre estaba buscando la calle, a los amigos, y mi mamá y la gente me decía que   no callejeara tanto, que dedicara tiempo a esto del hogar, pero yo llevaba evadiendo eso.

El confinamiento obligado me llevó a narrar la revolución interior que he afrontado como escritora, madre, profesora y caminante de mi urbe, también el estupor al recorrer calles desoladas en las que parece que el espíritu tropical de Cali hubiese entrado en estado de coma. Enfrenté mi cumpleaños en cuarentena, el desespero de mi hijo de tres años, la melancolía por no ver a mi madre, las señales de hastío y desesperanza de mis amigos, también la solidaridad.

Un día pensé que la narración detallada de dos días, profundizando en el adentro de mi cuerpo, de todas esas sensaciones, y en el afuera de mi urbe podrían expresar lo que quizá sienten muchos otros, cuando salgo a mercar y me encuentro con una ciudad que no es la que yo amo tanto, entonces surge de esa contraposición, entre lo que yo era antes de la cuarentena, y lo que estoy siendo ahora que estoy viviendo esta situación.

Radio Macondo: ¿Qué sentiste de nuevo al releer la crónica, y qué significo la experiencia de producir una versión podcast de  este texto de periodismo narrativo?

J.V: A mí me ocurre algo, siempre que veo publicado algo que escribo en una plataforma masiva, ¿me pregunto eso lo escribi yo ?, porque una vez el texto empieza a ser leído y ser comentado por otros, empieza a mutar por si solo, deja de ser la representación de uno mismo y se convierte en lo que los demás hacen de él.  Me dio muchísima alegría ganar el premio, una sensación indescriptible, gané la réplica de muchos de los lectores agradecidos por esas letras juntas donde se reconocieron, como en un juego de espejos, y siento que ese texto ya se me fue de las manos. La experiencia de pasarlo a podcast fue   la posibilidad de descubrir un nuevo lenguaje, que tiene la posibilidad del pastiche, de incursionar en la dimensión sonora del lenguaje radiofónico, y me escribió gente de otro país, que el podcast los hizo añorar Cali.

 Radio Macondo:  ¿Qué recomendaciones tienes para las personas que quieran escribir crónica?

J.V: Cuando uno va a ser cronista tiene que despojarse de sus propios escrúpulos, no olvidarse de sus principios, pero si darle lugar a escuchar y tolerar los principios de los otros. No debería sentir asco o por lo menos dominarlo, y para ir a esos procesos de inmersión tiene que ser profundo y se debe ir muy liviano, con poco equipaje, lo único que puede llevar es el lapicero y la libreta, y tiene que estar dispuesto a escuchar y observar. Yo le digo a mis estudiantes cuando estoy en clase, un cronista es un chismoso letrado que debe estar todo el tiempo pendiente de los detalles, y dispuesto siempre a probar, olfatear, escuchar, ver y tocar.

 

 

                                                              Por El Zudaca, colectivo Satélite Sursystem

 

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