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Eugenio Recuenco: retratista de historias

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Sus fotografías han ilustrado campañas de las principales marcas y también han sido portada de las grandes revistas de moda. Ahora se ha propuesto recopilar 12 años tras la cámara en el libro Revue (TeNeues), en el que a través de 200 imágenes queda clara su gran obsesión: contar historias. Por encima de la belleza de las modelos y de los espectaculares decorados con los que trabaja, que al final se sujetan con cinta aislante, él tiene que contar algo. Ese es el gran valor de sus fotos. Y por eso no le falta trabajo.

Las fotos de Eugenio Recuenco parecen sacadas de un cuento de hadas para adultos, con una elegancia siniestra muy especial. Tienen siempre ese aire inquietante, que te deja pensando qué habrá alrededor de la fotografía. ¿Cómo sigue esta historia? Defiende la libertad creativa, tanto en su oficio, como a la hora de vestir. Cree que el mundo de la moda se ha estandarizado y que ahora vestimos con algo parecido a un uniforme por miedo al ridículo. No tiene pelos en la lengua.

Sus películas ‘congeladas’ ya han cobrado vida en videoclips y spots, pero ahora quiere ir a lo grande con una película. “Si me prestas diez euros, ya solo me faltarán 2.999.999”. Busca productor, “alguien que ponga la plata”, porque ya tiene historia y actriz. Hablamos de moda, pero también del poder de las imágenes, esas que según él (a través de las palabras de Sebastiao Salgado) han dejado de ser nuestra memoria.

¿Cómo has seleccionado entre tanto material?

Eugenio Recuenco: Las fotos viven por sí mismas, no con el cliente que fueron hechas. He intentado mostrar los caminos que he seguido durante estos años y que también fueran fotos atemporales. Lo bonito es que conviven perfectamente fotos de hace siete meses y de hace doce años. Y no porque no haya aprendido en este tiempo a hacer mejores fotos (risas). Muestran algo más importante que la moda de cada momento.

Cuentas historias y tu estilo es muy cinematográfico.

En una foto no puedes mostrar solo una chica guapa y bien vestida, a mí eso no me interesa. Tiene que tener otra finalidad. Es la forma de expresión que tengo. Al final siempre sale tu opinión sobre las cosas, meto al personaje, a la modelo, en una historia, que a veces me sirve de excusa y que no es literaria.

¿Qué gente del cine te ha influido?

Dejaría muchos fuera. Pero, por ejemplo, Kubrick, que fue fotógrafo antes que realizador,  Kim Ki-Duk, Wong Kar-Wai, Alfonso Cuarón… coincides más con unos u otros en cada momento. Todo lo que has visto en tu vida sale en tus fotos. Todos te alimentan.

Son directores que parece que hacen fotos…

Para mí es muy importante la historia. Aunque ahora que voy a hacer una película no se lo cree nadie y piensan que voy a hacer algo muy bonito. Lo principal son los sentimientos. En la foto también hay dirección de actores y la puedes fastidiar dependiendo del encuadre que hagas.

¿Escribes un guion para tus sesiones?

Guardo notas en papeles y servilletas y digo a todo el mundo que me lo recuerde. Luego nadie lo hace. Pero algo vuelve en el momento que haces la foto. Está claro que algo vuelve, porque al materializarlo en dibujos es más fácil luego acordarte. Todavía dejo que el momento creativo fluya con la improvisación. Aunque por los decorados que hay en mis fotos parece que todo está medido, es mentira. Hay mucha cinta aislante, mucho esparadrapo por detrás sujetando las cosas en el ultimo momento.

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¿Quién te dio la primera oportunidad?

Trabajé mucho para agencias de modelos, y recuerdo una foto a página del Magazine, ilustrando un tema de belleza. Era una foto con una chica detrás de una alambrada, con una luz de noche, basada en Los 400 golpes. Estaba de vacaciones y cuando la vi dije “esta foto es increíble y es mía”. En publicidad fue en París, con Boucheron, y con el calendario Lavazza, en el que compartí con personas que son mis ídolos.

Parece que la moda ya no es lo mismo…

Ha dejado de ser moda y ahora es negocio. No hay libertad, ni interesa que vayas más allá. Se intenta imponer un uniforme, no es moda para que cada uno tenga su propia personalidad y abrir horizontes. Se trata más de hacer algo homogéneo. La gente se compra la cosas para que no le señalen con el dedo, cuando la moda tiene que ser lo contrario, tiene que reivindicar al individuo.

Pero tú sí tendrás libertad creativa.

Todavía hay diseñadores que tocan de cerca el arte, pero cada vez menos. Pero a las grandes firmas les interesa que su producto vuelva en forma de dinero. No hay amor, hacen lo que más dinero les reporte. Se ha perdido el glamour.

Pues desde fuera se sigue identificando con fiestas, locura, juergas…

Yo también lo creo, pero todavía no he llegado a eso (risas). A ver si me tocan algunas más. Pero incluso las fiestas son trabajo y son en sitios muy concretos como Nueva York o Londres. Allí no es moda solo, es música, arte…

¿Qué te atrae de los vídeos musicales?

He hecho bastantes videoclips, me gusta porque al final es trabajar con alguien que también tiene su parte creativa. Cuando se llega a un entendimiento fluye bien. Si no hubiera intermediarios fluiría mejor todavía.

Y con un grupo tan ‘bruto’ como Rammstein, ¿cómo fue la cosa?

He trabajado tres veces con ellos: en el vídeo Mein Herz Brennt y dos en sesiones. En vídeo son más estéticos que en foto. Ellos tienen libertad a la hora de plantear, no quieren ser políticamente correctos y tienen una imagen muy marcada. Aunque han ido cambiando, siempre quieren ir un paso más allá y eso es lo que les da unidad. Lo tenía muy claro, tenía que ser tan fuertes como ellos, pero sin ser explícito. A mí me gusta más sugerir, para dar a cada uno la libertad de llevarse a donde cada uno quiera.

¿Cómo te afectan las nuevas tecnologías?

Los fotógrafos profesionales tenemos una ventaja importante. Todo el mundo puede hacer fotos técnicamente bien. Pedir modelos depende de quién eres y para quién va a ser y que el cliente pague. Todos accedemos a la misma modelo. Y también todos tenemos acceso a los filtros. Pero falta el concepto. Si solo ofreces técnica, ese momento ya ha pasado. Antes eran pocos los fotógrafos que tenían buenos materiales. Ahora con una cámara cualquiera puedes hacer una buena foto. Nos han vuelto a coger, así que tenemos que ofrecer algo más.

Por Fernando Bernal
Fuente: vice.com

 

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