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El Teatro del Presagio nos presenta AZUL

El Teatro del Presagio nos presenta AZUL - Azul-23-sept-2017-44

En “Azul” el Teatro del Presagio sigue profundizando en las posibilidades del cuerpo
del actor y de la música para expresar la historia reciente del país, partiendo de un
texto literario, narrativo, y no de una textualidad dramática, para intentar hacer que
sea el mismo cuerpo del actor, el gesto, su relación con el espacio, aquello que
construya la teatralidad.

La tarea entonces no ha sido, fundamentalmente, la de contar una historia, sino la
de generar una experiencia a partir del relato, de su relación con el cuerpo del actor,
y del intercambio de esos gestos con el espectador. El teatro no como un lugar de
historias sino de intercambio de experiencias.

Azul habla de un pueblo, ni siquiera eso: de un caserío. Y de sus pocos habitantes. De lo que les ha ocurrido, en forma de interrogación.

Azul es una metáfora que podría parecer un pequeño drama local, pero que intenta
tocar lo hondo del alma escindida desde la profundidad del mar. Esa forma de
desplazamiento, menos mediático que el geográfico pero más atroz, porque ya no
es de un territorio espacial del que somos expulsados sino de un territorio mental,
moral, ético, cultural, es justamente la apuesta de esta obra.

Todos estamos siendo desplazados. No es un problema de gentes abandonando
fincas y casas, es cosa de personas que dejan de ser.

Cuando nos cambian.

Cuando permitimos que nos cambien.

Cuando dejamos de ser nosotros y empezamos a mirarnos en aquello que, vano, se nos hace importante, aunque no lo sea, y le damos sentido de urgencia a aquello que es apenas transitorio.

Cuando las urgencias ya no son nuestras urgencias, sino aquellas que nos imponen.

Cuando nos vemos en lo otro, nos soñamos en los otros. Cuando nos desnaturalizamos.
Esa forma de desplazamiento, menos mediático que el geográfico pero más atroz, porque ya no es de un territorio espacial del que somos expulsados sino de un territorio mental, moral, ético, cultural, es justamente la apuesta de esta obra.

Todos estamos siendo desplazados.

No es un problema de gentes abandonando fincas y casas, es cosa de personas que dejan de ser.

Azul habla de un pueblo, ni siquiera eso: de un caserío.

Y de sus pocos habitantes.

De lo que les ha ocurrido, en forma de interrogación (¿Qué otra cosa puede hacer el teatro sino interrogar e interrogarse?).

Azul es una metáfora que podría parecer un pequeño drama local, pero que intenta tocar lo hondo del alma escindida desde la profundidad del mar.

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