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Yo no me llamo Rubén Blades

 

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Cuando el continente se disfraza de retórica primitivista de ultraderecha, la magia inagotable del juglar, poeta y cronista Rubén Blades, nos convoca a través del cinematógrafo, a saborear ráfagas de salsa y conciencia a 24 fotogramas por segundo, y adentrarnos en sus caminatas creativas, comprender la reflexión crítica de un autor que oscila entre los sinsabores agridulces de la industria musicalla cotidianidad en Babylon, y su compromiso ético y permanente por el desarrollo de nuestros pueblos.

 

Manifiesto de Nuestra cosa latina en clave satelital

Han llegado las claves sonoras del tambó, un abakuá levanta las manos y suena el yambú. Cuerpos enloquecidos se toman el solar y los dioses sin pensarlo bajan y susurran el coro que los bohemios gritan sin parar. La gente se ha hecho fiesta y los sabiondos no saben cómo llamar esta Rumba. Su listado de verdades se agotó y las Salsa hizo del pueblo el veredicto de los que saben y del sentimiento popular, la voz de los que se embriagan en la calle con licor caliente, vagabundos de la ciudad e hijos del son armonioso… Ja ja ja las carcajadas tiernas sobre el asfalto en el trópico salsero. Somos música. Espíritu. Cadencia. Color. Lenguaje. Cultura urbana. Piel. Tejido. Memoria. Territorio. Conexión ancestral. Palenque. Bohío. Barrio. Lleca. Visaje. Malicia indígena. Mestizaje espiritual. Sabiduría y Salseridad. Vos, querido Rubencho, tiraste la radio bemba en “Siembra”: “Esta es la conciencia latinono la dejes que se te duerma/no la dejes que muera”. Aqui seguimos bailando, leyendo y escribiendo en las barricadas de la imaginación, fantasía y libertad que nos inspira la sinceridad de tu melodíasintonizada con la maestra vida.

Polaroid festiva

Querida especie lectora, desde las páginas del Satélite Sursystemnos sumamos  a la celebración  planetaria de los 70 años del cantautor panameño Rubén Blades,  cuyos festejos a lo largo y ancho del globo sonoro multiplican la dignidad rebelde de América Latina cada vez que suena  alguna de sus canciones inmortales, o cuando se proyecta en alguna sala el documental de creación “Yo no me llamo Rubén Blades”, dirigido por el cineasta panameño Abner Benaim, un admirador y cómplice creativo que tuvo la oportunidad de filmar durante 3 años ( México, Puerto Rico, New York, Cali y Ciudad de Panamá) al legendario maestro de las artes narrativas, hijo de  un percusionista colombiano y una cantante cubana, Rubén y Anoland.

Aún recuerdo aquellas verbenas de barrio en la comuna 8 escuchando a todo taco Pedro Navaja, con los pandilleros de Son 14,  o las aletosas fiestas en El Troncal cuando mi primo nos daba una catedrar de historia y rebeldía en América Latina con las letras de “ Pablo pueblo, Plantacion Adentro, y Plástico “  o las audiciones univallunas en Plazoleta de Banderas junto a seres hambrientos de justicia social que cuestionaban la invasión a Panamá por los camaleones y tiburones del imperio, reivindicando a María Lionza y alucinando con sus propuestas vanguardistas con Seis del Solar. Pura world music con salsa revolution al zoco.

Apreciar durante 90 minutos este testamento audiovisual, tan nostálgico como introspectivo por las carreteras de su alma rebelde,  y que se nutre de los testimonios de músicos tan relevantes como Ismael Miranda, Sting, Gilberto Santa Rosa, Larry Harlow, Andy Montañez, Residente y el escritor Junot Díaz, es comprobar que la vida y obra artística de Rubén tanto en el cine como en la música , siguen vigentes porque su compromiso político se atreve aún con lucidez y valentía, enfrentar a la terrorista coherencia discursiva de las ideas y las acciones, en tiempos fagocitantes de estrellas pop financiadas por los Iluminati, políticos corruptos que negocian nuestra vidas, invadidas por la publicidad, las redes sociales y el apocalipsis inminente del calentamiento global.

Yo no me llamo Rubén Blades” es una película realizada en clave urbenauta, y que deambula por las calles ricas de la opulencia del norte y por las calles pobres del sur global. Conectando dos mundos, gracias a la música, la poesía y los ritmos de un continente que adora conocer las historias que ocurren en las entrañas del barrio, afrontar los peligros del consumismo en el capitalismo depredador, y multiplicar los mantras de esperanza de la diversidad cultural de nuestra América.

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Voz en off /Alberto Salcedo en el microphone:

Rubén Blades es un cantor que cuenta, un contador que canta, un narrador que hace poesía, un poeta que narra, un músico que corre riesgos, un cantante al que no le desentona en absoluto la palabra “artista”, un creador valiente que se atreve a dinamitar su propia fórmula y saltar al vacío, un cronista urbano, un memorioso, un monarca del sabor, un escribano de las esquinas, un maestro. Uno oye sus canciones para leerlo, porque en esencia Blades es un gran narrador. Como tal, ha forjado un universo narrativo sólido en el que cada elemento está directa o indirectamente relacionado con los otros. Cuando uno se pone a oír sus canciones individualmente, se encuentra con historias luminosas dotadas de sentido completo. Cuando uno junta esas canciones se le revela una novela cantada, la gran novela musical de América Latina. En los versos de esa novela está retratada, de manera amorosa y dura, no exenta de humor, la fauna de nuestras barriadas, desde el malandro hasta la prostituta de la acera “.

Por El Zudaca boy de la Calicalentura, Nómada urbano y Selektar del Satélite Sursystem
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