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Brasil: el Candomblé como forma de resistencia política

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El autor de la nota, Nirlando Beirão, analiza la violencia que sufren la población afro brasilera de parte de miembros del evangelismo, que se encarama en el poder como nunca a partir del triunfo de Jair Bolsonaro. Lo que sigue es un resumen en español del texto original

“Macumba. Macumbeiros. Brujería. Magia negra. Adoradores de Satán. Vudú. El elenco de injurias con los que tradicionalmente persiguen a los cultos afro en Brasil, tienden a resonar con mayor vigor ahora que el país, con el apoyo considerable de su población, ve instalada una teocracia gestionada por corporaciones de una fe sumisa y cuyos líderes hurgan en los bolsillos de los fieles.

El pentecostalismo, o neopentecostalismo, que triunfa en Brasil hace tiempo, eligió como rivales el candomblé y los demás cultos afro-brasileños. No lo hace por casualidad. Las sectas evangélicas son el espejo invertido del candomblé: de origen blanco, basadas en los albedríos de un libro antiquísimo, de lenguaje alegórico y arrebatado, las iglesias someten a sus fieles al temor de un dios furibundo y punitivo, amenazan con el fuego del infierno, legislan sobre la vida privada de la congregación, descalifican a las mujeres y practican el moralismo. Miran con malos ojos a la belleza ya la felicidad.

Pastores y pastoras ejecutan violentos autos de fe contra sus vecinos afro, especialmente cuando compiten por las almas desesperadas en las periferias de las metrópolis. En Brasil, cada 15 horas hay un relato policial por motivo de intolerancia religiosa, siempre de mano única.

Los mitos del candomblé son muchos, extensos, tienen un sentido densamente poético, pero no pretenden obligar a los fieles a creer en ellos al pie de la letra. Los evangélicos leen el libro de Génesis como si fuera una narrativa realista. Así como toda la Biblia.

El Ser Supremo para ellos es del género masculino. Los cultos afro-brasileños, por el contrario, se vienen convirtiendo cada vez más al matriarcado. Las mujeres empoderadas comandan la cofradía, presiden el culto, preparan los objetos sagrados, traducen la voluntad de los orixás.

El sincretismo de los cultos afros es un ejemplo de permeabilidad democrática. Con tantos ritos de tan diferentes procedencias, etnias, naciones y denominaciones (nagô, ketu, bantu, jejê, tambor-de-mina, angola, cancerê, cabula), los cultos afro no se dan bien con dogmas y mandamientos. Una de las certezas al respecto es que, a diferencia de las sectas evangélicas, el candomblé no tiene un proyecto de poder político terrenal”

 

Candomblé é resistência
Por Nirlando Beirão

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